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Pienso, luego existo. ¿O era al revés?

Escrito de María Mañogil Feliciano publicado el viernes, 30 de marzo de 2018 | 00:00

La razón por la que ya no podemos ver ni escuchar a alguien fallecido no es que haya dejado de existir, no más que los vivos. Sería absurdo pensar eso teniendo en cuenta que ni la materia ni la energía se destruye. Ya no he querido incluir el sentido del tacto porque nunca hemos tocado a nada ni a nadie aunque nos lo parezca; el núcleo de nuestros átomos y de los de todo lo demás que compone la materia está rodeado de electrones, por lo tanto no es posible llegar a tocar nada, ya que toda la materia se repele entre sí al portar en su capa externa partículas con carga negativa, así que si te beso en la mejilla o te doy un puñetazo lo he hecho sin tocarte; y si los átomos que componen la materia no se repelen entre sí, esto es debido a la fuerza nuclear fuerte, una de las cuatro coexistentes en nuestro universo.
El motivo de que ya no podamos ver a esa persona o a ese animal que falleció es porque nuestros sentidos están regidos por impulsos electromagnéticos, que son los que nos mandan la señal para que nosotros creemos en nuestro cerebro una imagen o un sonido y lo proyectemos como algo que se nos hace real porque lo podemos ver, oler, oír... y un ser fallecido ya no dispone de la materia en el mismo estado que cuando vivía porque no lo necesita para cumplir las funciones de antes, por ejemplo respirar y mantener el flujo sanguíneo. Digamos que morir, en biología sería correcto, pero no en física, donde sería cambiar de estado.
Tampoco podemos pensar que sí existe, pero en nuestro pasado, si es que damos por válida la idea de que la realidad es el momento presente. Todo cuanto vemos o escuchamos lo hacemos en el pasado porque, recordemos, la luz se mueve a unos 300 mil kilómetros por segundo y el sonido bastante más despacio.
El tiempo que emplean la luz y el sonido en recorrer la escasa distancia entre nosotros y otras personas que tengamos enfrente, nos hacen percibirlas como eran hace milmillonésimas de segundo antes y escucharlas aún mucho más tarde de cuando ellas hablaron, es decir, estamos viendo y oyendo el pasado, que supuestamente no es real.
Nuestros sentidos están limitados a cinco, y tres de ellos, como he demostrado, no nos muestran la realidad. Ni que decir de los otros dos.
Si los sentidos nos engañan, ¿es correcto decir que algo es real?
Tal vez lo que yo percibo del mundo no es exactamente igual que lo que percibe otra persona, ya que mis gatos no ven los mismos tonos de color que veo yo ni yo escucho los mismos sonidos que ellos y nunca se me ha ocurrido pensar que mi percepción del mundo es más real que la de un gato.

¿Parece esotérico mi primer párrafo? Lo es del mismo modo en que en la Edad Media sería hablar de ondas electromagnéticas y, sin embargo, ahí han estado desde el Big Bang.

Por todo esto, porque no estoy segura de lo que veo ni escucho, porque no toco la silla en la que creo apoyarme, porque ni el aire me está sosteniendo y no es magia, porque el sol que me alumbra podría haber estallado ahora y yo aún no saberlo, estoy convencida de que ni lo que vemos es real ni lo que no vemos no lo es.
Si los muertos nos pueden ver a nosotros, ni idea, pues no recuerdo haber estado en ningún otro estado que no sea en el de ahora, tan incierto. Y quizás la que no existe soy yo aunque mi pensamiento lo afirme, porque ni siquiera de él me fío.

"A nivel subatómico, la materia no existe con seguridad, sino que más bien muestra tendencia a existir".
        
           Werner Karl Heisenberg.

¿Y qué somos nosotros, Señor Heisenberg, sino montones de átomos?
          

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