El día que ser idiota se hizo virtud

Escrito de Tuzo Pillo publicado el viernes, 17 de marzo de 2017 | 11:11

Seré breve: la gente es idiota.

No causará escándalo esta verdad universal, sin embargo quizá sí intrigue el por qué venir a apuntarlo tan inopinadamente.

Tendría que señalar que no es costumbre el hecho de que valga mil vergas la existencia del vulgo y lo que se le parece, no obstante este grito de desesperada angustia me ha brotado tras una serie de desventurados encuentros (o aventurados desencuentros, según se prefiera) con la pendejez del humano contemporáneo.

Haciendo un poco de cuento, tendré que mencionar primero la insistencia con que el feminismo parece arraigar entre las nuevas generaciones. No se me malentienda: yo soy machista, machista a morir, y falócrata, heteropatriarcal, heteronormativo, testicular y toda esa plétora de nobles virtudes, pero no por eso quiero que la hembra deje de ser hembra. Hay que saber construir la propia identidad y, una vez hecho esto, hay que asumir la propia mierda. En fin, todo esto lo digo porque el feminismo contemporáneo ya está muy distante de aquel idilio de igualdad para la mujer que trabaja, la que se sostiene a sí misma o la que se ha convertido en cabeza de familia. Ya no es una lucha por aperturar el corro de los privilegios a quienes se los han ganado a pulso (que esto conmemora, por ejemplo, el ominoso ocho de marzo), sino que se ha convertido en la bandera de imbéciles, hombres y mujeres, que necesitaban un escaparate para vomitar sus pendejadas sin que se les viera mal. El problema es que se les ve mal, mucho, porque no hacen nada con sentido, pero claro, a quien se atreve a señalarlo se le aplican las etiquetas de retrógado, estúpdio, malo y, por supuesto, macho. Muy en el fondo, el resto de mi queja del día viene por la misma línea: se exige un respeto inmerecido y que además no se ha ganado ni se ha prodigado a otros. Es la cúspide de la rebeldía sin causa, ahora plastificada y sellada al vacío para que parezca fresca y, además, con código de barras para que parezca que sí tiene causa… Jodido asunto, para que luego digan que somos nosotros los que tenemos privilegios (nótese cómo les excluyo de mi cerrada concepción de la humanidad).

La otra cosa que me tiene hastiado es la imbecilidad de los universitarios de hoy en día. Parece que cada vez vienen más tarados. Los estudiantes de hoy no solamente tienen aire en donde deberían tener sesos, sino que además son güevones como sus putas madres y encima, igual que las feministas radicales de nuestro tiempo, exigen derechos sin que cumplan con sus obligaciones. Apenas ha pasado un mes, por citar un ejemplo tristemente célebre, desde que en una clase de cine y literatura les expliqué una metodología de análisis para películas y novelas; no puede ser que hoy, el mismo día en que está publicada esta entrada, salgan con que no se acuerdan del maldito análisis, cuya guía está publicada en la plataforma del curso. ¿Y así pretenden ser profesionistas? ¿En qué clase de pendejos yace el futuro del género humano, entonces?

Lo último que me archirrequetecontraemputa, que me parece la epítome de la pendejez, la ignorancia y la incultura, es un mapa puñetas de dizque literatura, y los encomios que ha recibido, realidad que evidencia lo lamentable de la situación en que se encuentra el intelecto de nuestros congéneres. Baste ver la aberración que, aunque está colorida y en materia de diseño puedo conceder que es impecable, propone al no incluir al Quijote en España, proponer una novela italiana contemporánea en vez de Dante y volver ininteligibles las posibles letras de los países diminutos como Luxemburgo o República Checa…

Está de la verga el mundo, chavalada. De la verga y nada más.

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