Sueños - parte I

Escrito de María Mañogil Feliciano publicado el lunes, 26 de diciembre de 2016 | 13:20

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Autor de las imágenes: Miguel Ángel (Anarkomik)
Pertenezco a ese grupo de personas que ante dos respuestas a una misma pregunta acepta siempre la más lógica. Me dejo guiar por el sentido común siempre y cuando esa respuesta se acompañe de su respectiva comprobación y no se base solo en la creencia o la opinión de una mayoría, es decir, sin alguna prueba que la respalde.

Por más absurda que parezca esa respuesta, no debe ser tenida menos en cuenta que la que a simple vista aparente ser más racional y coherente.

No soy alguien fácil de convencer cuando he dedicado mucho tiempo a elaborar conclusiones sobre algo, a conocer todos los aspectos posibles sobre un tema y casi siempre opto por soluciones que me resulten satisfactorias,intentando no violar ninguna de las leyes físicas que conocemos actualmente. Es decir, respaldando cada una de mis opiniones con pruebas científicas, en caso de haberlas. A pesar de eso, estoy dispuesta a dejarme convencer por cualquier otra teoría que desconozca o que se me haya pasado por alto. Esto es sólo la opinión que yo he creado sobre algo que, por desgracia o por suerte (según se contemple) conocemos muy poco o nada aunque a todos nos guste sacar conclusiones. Así que cualquier otra opinión al respecto que difiera de la mía será bienvenida independientemente de que me la cuente un sabio o un loco, pero eso sí, todas ellas deberán ir acompañadas por un argumento, sea científico, religioso, filosófico o de cualquier otro tipo. Porque a mí no me sirve un simple “estás equivocada porque lo digo yo” y esa objeción, simplemente, sería digna de ser ignorada.

Hace algunos meses me percaté de que estoy teniendo sueños que, a pesar de no ser más nítidos que cualquiera de los otros, de esos a los que yo llamo normales porque son los de toda la vida y que pasan desapercibidos en el mundo “lúcido” a los pocos minutos de haberlos experimentado como algo real, se convierten en diferentes por la sencilla razón de que puedo ver identificado parte de su contenido y a veces todo, en acontecimientos posteriores de mi vida cotidiana y también de la de otras personas. Si digo que me percaté de tenerlos es porque en ningún momento he pensado que haya surgido esta capacidad de la nada ni de un día para otro, ni tampoco que yo sea alguien especial ni que esté dotada de ningún tipo de don, ya que personalmente, no creo que nadie posea superpoderes y en todo caso, de poseerlos, serían iguales para todos los demás seres que habitan el universo y que también son merecedores de ellos por estar formados por los mismos materiales que yo. Así que, en cualquier caso, todo cuanto yo pueda experimentar con mis sueños, debe ser común a todas las demás personas aunque no se hayan dado cuenta de ello, e incluso a todos los animales que tengan la capacidad de soñar. Como para todo lo demás, debe haber y parece ser que así es, una explicación científica para este fenómeno.Sí, estoy hablando de sueños premonitorios o precognitivos, pero no he querido utilizar esas palabras porque siempre me han sonado demasiado esotéricas y apartadas de la ciencia tal y como la conocemos hasta ahora, o tal como nos la han querido enseñar, omitiendo, claro está, una parte de ella que se deja para más adelante y forma parte de lo que podríamos llamar “una asignatura más” dentro de la física, siempre y cuando se opte por seguir cursando estudios superiores y por supuesto, relacionados con la rama de ciencias.

A pesar de que hay conceptos de la física que son muy nuevos porque datan de principios del siglo XX, se ha decidido anular la mayoría de ellos de la educación primaria e incluso de la secundaria, tal como se intenta hacer también con la filosofía, que se va a convertir en una asignatura opcional dentro de poco. Esa omisión de contenido en materias que siempre se han considerado básicas y que supone la vulnerabilidad del derecho a adquirir unos conocimientos necesarios tanto para el desarrollo intelectual de cualquier ser humano como para reconocer funciones de su cuerpo más allá de la anatomía, considerando a un átomo lo más pequeño digno de ser estudiado sin ir más allá de su estructura y escondiendo en parte su comportamiento anómalo e inusual, no tiene para mí más explicación que un interés a nivel mundial y promovido por los gobiernos de muchos países por que esos conocimientos no sean transmitidos en un futuro próximo más que a un número determinado de personas que serán las que tengan acceso a ellos, impidiendo a las demás, por tanto, ese acceso y condenándoles a un analfabetismo parcial sin que ellas lleguen a notarlo. De esta forma, a mi modo de ver, se conseguirá mantener a una gran parte de la población dentro de la ignorancia en relación a temas que nos conciernen a todos y si bien nos dirán que podremos acceder a ellos por cualquier otro medio en caso de que nos interesen, se reducirá mucho ese interés debido a que es bastante improbable interesarse por algo de lo cual se ignora su existencia. Me refiero a la física cuántica, de la que se enseña muy poco en la educación básica.

Dejando a un lado los motivos por los que no interesa que algunos aspectos de la física ni de la filosofía sean conocidos y volviendo al tema de los sueños, añadiré que lo que estoy experimentando no es lo que conocemos como un dejà vu y que esto es algo que ya he tenido el gusto de debatir con un especialista en neurología en la última semana, a quien agradezco la atención que me ha prestado.

Sé muy bien lo que es un dejà vu y entiendo y apoyo su explicación científica, la cual ya conocía y que refiere a un fallo a nivel cerebral al almacenar de forma incorrecta un recuerdo que pertenece a la que llamamos memoria inmediata e interpretarlo como si estuviese almacenado en la parte que correspondería a un tiempo anterior. Espero haberme explicado bien.

Eso no justifica de ningún modo los sueños precognitivos aunque pueden confundirse muy bien con los dejà vu en muchos casos en los que el recuerdo de ese sueño es reconocido justo en el instante en que está sucediendo el acontecimiento que tuvo lugar en el sueño. Si ese acontecimiento se recuerda en un momento anterior, tal como me pasa a mí, la explicación que nos da la ciencia sobre los dejà vu no sirve, pues es imposible que nuestro cerebro confunda un recuerdo que aún no ha sido almacenado en nuestra memoria, puesto que tal recuerdo no existe todavía. En este caso y sin desviarme de una visión puramente científica sobre este tema, la única respuesta que se me ocurre es que esos recuerdos sí se hayan formado ya, al igual que pasaría en un experimento realizado por el físico John Wheeler y que parece ser el experimento sucesor o “complementario” al de la doble rendija, en el que un electrón “decide” comportarse como onda o como partícula en un momento anterior al que un observador consciente determina que va a efectuar una medición sobre él. Eso quiere decir que si una simple partícula puede anticiparse a un hecho que aún no ha sucedido, un cerebro como el nuestro, compuesto por billones o trillones (no los he contado aún) de átomos con sus respectivos electrones cada uno, podría de la misma manera almacenar recuerdos no solo del pasado sino de acontecimientos futuros y grabarlos en la memoria y no me parecería una respuesta para nada ilógica ni mucho menos absurda.

Que quizás ese electrón esté siendo afectado por la interacción de otra onda que no tiene más remedio que intervenir en el proceso de la medición y que no es otra que un fotón también es algo que he tenido en cuenta a la hora de escribir sobre los sueños, pero ocurre que mientras soñamos, esos fotones tampoco están exentos de formar parte de nuestra actividad cerebral cuando dormimos y por lo tanto, eso es algo que ni corrobora ni desmiente la teoría (irracional o no) de que en los sueños estén involucrados tanto los recuerdos de nuestro pasado como los que pertenecen a momentos situados en el futuro y lo único que explicaría que en estado de vigilia no se puedan manifestar esos “recuerdos futuros” sería nuestra incapacidad para comprender o percibir de forma consciente un concepto del tiempo diferente de una línea que empieza y acaba y que siempre se desplaza en un mismo sentido: del pasado hacia el futuro. Si además pudiéramos desapegarnos de la idea de que el tiempo se mueve, nos sería mucho más fácil comprender que ni el tiempo pasa y que probablemente ni exista. Tampoco se me ha pasado por alto la posibilidad de que soñar con el futuro se pueda explicar de una manera más simple y de hecho, esa posibilidad fue la primera que contemplé.

Puede ser y no digo que en muchos casos no sea así, que cuando soñamos con algo que no reconocemos de nuestro pasado o de acontecimientos que nos preocupan en nuestro presente y que nos afectan de alguna manera, estemos provocando inconscientemente que esos acontecimientos se produzcan en un futuro. Es decir, que cuando soñamos algo en concreto y ese algo se materializa en la vida “real”, podemos ser nosotros mismos con nuestros pensamientos quienes estemos recorriendo el camino exacto para llegar hasta ese punto donde se materializa lo que hemos soñado. Pero ¿qué pasa cuando soñamos con algo que le sucede más tarde a otra persona con la que no tenemos nada que ver?, ¿cómo actúa en ese caso nuestra influencia sobre esa persona?

Creo que he agotado todas las posibles respuestas para explicar el hecho de soñar con situaciones que más tarde reconocemos en lo que llamamos el futuro y me quedo indudablemente con la que se puede explicar en un nivel subatómico y que me hace pensar que el futuro, el presente y el pasado están sucediendo en el mismo momento y en una superposición que, desde un nivel consciente no podemos percibir.
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