Mis cuatro de Cohen

Escrito de E.J. Valdés publicado el viernes, 2 de diciembre de 2016 | 00:00

El 14 de noviembre dediqué mi programa de radio de los lunes a Leonard Cohen, quien falleció poco antes de la transmisión. Además de escuchar algunas de sus canciones más representativas, quise leer una selección de poemas suyos, mismos que me tomé el tiempo de traducir directo del inglés. Nadie lo ha dicho mejor que el soldado Pyle en Full Metal Jacket: "This is my rifle. There are many like it, but this one is mine". Pienso que lo mismo aplica para estas traducciones: no soy el primero en traer los poemas de Cohen al castellano, pero las cuatro versiones que presento a continuación son las que hice yo, con mucho respeto, deseoso de que el texto se mantuviera lo más cercano posible al original. Estos poemas pueden consultarse en inglés en el sitio web de Leonard Cohen.



(Oí hablar de un hombre…)[1]

Oí hablar de un hombre
que dice palabras tan bellas
y a quien, con sólo enunciar su nombre,
las mujeres se le entregan.

Si enmudezco junto a tu cuerpo
mientras el silencio florece cual tumores en nuestros labios
se debe a que escucho a un hombre subir los escalones y aclararse la garganta en la puerta.




Mi dama puede dormir[2]

Mi dama puede dormir
en un pañuelo
o, si es otoño,
en una hoja caída.

He visto a los cazadores
de rodillas ante su dobladillo;
incluso en su sueño
ella les da la espalda.

El único regalo que ofrecen
es su pesar duradero.
Yo me saco los bolsillos
por un pañuelo o una hoja.




Me pregunto cuántas personas en esta ciudad[3]

Me pregunto cuántas personas en esta ciudad
viven en habitaciones amuebladas.
En la madrugada, cuando contemplo los edificios,
juro que veo un rostro en cada ventana
mirándome,
y cuando doy la vuelta
me pregunto cuántos de ellos regresan a sus escritorios
y escriben esto.




Esperando a Marianne[4]

He perdido un teléfono
que olía a ti.

Vivo junto a la radio
todas las emisoras a la vez
pero capto una canción de cuna polaca.
La capto entre la estática.
Se desvanece, yo espero, sostengo el ritmo,
regresa casi dormida.

¿Acaso tomaste el teléfono
a sabiendas de que lo olfatearía, moderado,
y que quizá hasta calentaría el plástico
para recoger hasta la última miga de tu aliento?

Y si no piensas volver,
¿cómo llamarás para decir
que no volverás
para que, cuando menos, pueda discutírtelo?





[1] Sin título. Publicado en Let us Compare Mythologies (1956)
[2] Publicado originalmente en The Spice-Box of Earth (1961).
[3] Publicado originalmente en The Spice-Box of Earth (1961).
[4] Publicado originalmente en Flowers for Hitler (1964).
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