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Versus Palafox

Escrito de E.J. Valdés publicado el martes, 8 de noviembre de 2016 | 11:25

Juan de Palafox y Mendoza fue un hombre de poder e influencia en la Nueva España del siglo XVII. Quienes viven en Puebla están familiarizados con su nombre (una de las principales calles del centro histórico lo lleva) y quienes conocen un poco de la historia de la ciudad lo asocian con el desarrollo intelectual y económico de la misma; los antiguos colegios de San Pedro y San Juan, la Biblioteca Palafoxiana (la primera biblioteca pública de América) y hasta la Catedral son testimonio de ello. Lo que casi nadie sabe es que él, al igual que todos los hombres de poder, tenía numerosos enemigos tanto en la clase política como en la curia; enemigos que pujaron para echarlo de Nueva España y que quisieron borrar todo rastro suyo cuando lo consiguieron (literal). ¿Por qué un obispo enviado por la propia corona española sería objeto de semejante odio? Para entenderlo necesitamos repasar algunos episodios de su vida.


Juan de Palafox llegó a Nueva España en 1640 luego de que Felipe IV lo nombrara Obispo de Puebla de los Ángeles y Tlaxcala. Su encomienda, sin embargo, iba más allá del ámbito religioso: también fue nombrado visitador general, lo cual quiere decir que estaba facultado para auditar e investigar al virrey en turno, Diego López de Pacheco Cabrera y Bobadilla, de quien la corona creía que apoyaba la revuelta que culminaría con la independencia de Portugal. En una movida como de House of Cards, Palafox viajó sin aviso a la Ciudad de México la noche del 9 de junio de 1642 y, tras plantear a la Audiencia sus sospechas en la madrugada del día siguiente, ordenó el arresto y deposición del virrey. ¿Y quién creen que quedó en su lugar? Pues nada menos que Palafox, quien sirvió como virrey cinco meses hasta que García Sarmiento de Sotomayor lo relevó. Fue en ese breve periodo que impulsó las obras por las que se le recuerda en Puebla, y quizá hubiese hecho más de no ser porque la relación con su sucesor fue muy tensa, después de todo, Palafox se había convertido en el niño chismoso de la clase, y si ya había destituido a un virrey, ¿por qué no destituiría a otro?


Pero la cúpula política no fue a la única que hizo enojar, sino a la congregación de los jesuitas, quienes a su parecer tenían demasiados privilegios que urgía quitarles y, para colmo, no pagaban diezmo (incluso escribió al Papa Inocencio X en 1647 al respecto, sin gran resultado). En adelante los jesuitas, respaldados por el arzobispado de México, se dedicaron a echarle toda la tierra que pudieron y rezaron y rezaron para que se fuera el obispo y llegara Jesús. En 1649 sus plegarias fueron escuchadas: Palafox regresó a España y se le asignó a la pequeña diócesis de Osma.

Un breve ejemplo del coraje que le tenía la curia novohispana lo encontramos en el diario de Gregorio Martín de Guijo, secretario del cabildo de la catedral de la Ciudad de México, quien escribió el siguiente testimonio de la instrucción que se giró a todas las iglesias de la capital el 20 de julio de 1653.

Edicto contra los retratos del señor obispo Palafox.– Domingo 20 de julio, día del tránsito del señor San José, se leyeron edictos en todas las iglesias de esta ciudad, pidiendo los retratos del señor Don Juan de Palafox, llamándole Don Juan de Palafox, obispo de la Puebla, y prohibiendo no se retratase en adelante, y que por mandato del señor obispo de Plasencia, inquisidor general, se ordenaba así.

La orden es clara: retirar las pinturas del aborrecido obispo y cerciorarse que no se volviera a dedicar una pincelada a su imagen. Es probable que el Obispo de Plasencia al que alude el texto sea Diego de Arce y Reinoso, a quien el propio Palafox escribió en 1647 para quejarse de la campaña de desprestigio que los jesuitas e inquisidores novohispanos habían desatado en su contra (la duda me queda porque en 1653 él era Inquisidor General de España pero ya no Obispo de Plasencia, aunque es probable que la instrucción la girara, cuando menos, unos seis meses antes). Queda claro que Palafox se arrimó al árbol equivocado, ¿no?


Martín de Guijo dedica una entrada más de su diario a Palafox en 1655:

Sábado 9 de enero, se dijo en esta ciudad haber llegado por Caracas cartas de testimonio de España, de haber tomado posesión del obispado de Osma el señor obispo don Juan de Palafox, en cuya conformidad se declaró sede vacante en la Puebla.

Casi se percibe un suspiro de alivio en el texto. Pero los religiosos de la Nueva España no tendrían que preocuparse por Juan de Palafox y Mendoza nunca más; él fue obispo de Osma hasta su muerte en 1659.


Bibliografía
·      Sin autor. (Sin año de publicación). Juan de Palafox. 29 de septiembre de 2016, de Centro Virtual Cervantes. http://cvc.cervantes.es/artes/ciudades_patrimonio/puebla/personalidades/palafox.htm
·      Pedro Royo. (Sin año de publicación). Juan de Palafox y Mendoza. 29 de septiembre de 2016, de Enciclopedia Católica Online.  http://ec.aciprensa.com/wiki/Juan_de_Palafox_y_Mendoza
·      José L. G. de Paz. (Sin año de publicación). Hubo otros Mendoza con importancia en la historia de España y América. 29 de septiembre de 2016, de Universidad Autónoma de Madrid. https://www.uam.es/personal_pdi/ciencias/depaz/mendoza/palafoxm.htm

·      Gregorio Martín de Guijo y Antonio de Robles. (2002). Diario de sucesos virreinales. México: Editorial Joaquín Moritz/Planeta.
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