Home » , , , » Sobre la nulidad de la escritura cotidiana

Sobre la nulidad de la escritura cotidiana

Escrito de E.J. Valdés publicado el martes, 15 de noviembre de 2016 | 18:44

Colaboración especial de J.I.M.M.


Desde hace ya varios ayeres, unos más lejanos que otros, V. y E. me han invitado a escribir aquí. No lo había hecho, no por desprecio ni falta de tiempo, sino por aquel hastío de la escritura, propia y extraña, que luego se siente (y digo "se siente" pues quiero suponer que no sólo yo la ha sentido; siempre me ha chocado el comentario de quienes dicen no poder dejar de escribir, como justificando su existencia, como disfrazando su soledad de mudanza y exilio voluntario al remoto páramo de las letras, afirmándose, sutil o vehementemente –y aquí la convicción no importa–, personajes de carne y hueso. "Vehementemente", qué palabra tan hermosa, ¿no?)

Pero no saquemos conclusiones apresuradas; he leído y he escrito, sí, porque en el páramo de la escritura –ese lago negro de grafías naufragantes que arden, como un fármaco, en los ojos del insomne ante el procesador de textos de invertidos colores– se subsiste con la trascendente voluntad del que harto del amor ama, del que asqueado del sabor come, del que cansado del sentido y sinsentido vive y reitera el ciclo subibaja de los pliegues en la frente o la sonrisa. Y luego, con la certeza del que sabe que no sabe cocinar o tejer, por ejemplo, ante el platillo o el tejido ¿terminado?, ya no relee, ya no reescribe: guarda su —¿cómo llamarlo?— excrecencia (otra hermosa palabra que se lee mucho en algunas traducciones de la obra de Stanislaw Lem) en el fondo intangible de la máquina, sin siquiera la antaño esperanza juvenil de retomar los despojos, recuperar el tiempo perdido de las frases arrumbadas apiadándose del ayer, ayer, ayer sin adjetivos.

Pero vayamos al grano. ¿Qué podría escribir hoy alguien como yo? Confieso mi adicción a las opiniones; aquellas que buscan convencerte de algo y que fugazmente puedes tachar de estereotípicas, estúpidas o geniales, algunas tan salpicadas de verdades cotidianas de ésas a las que aún no se digna la filosofía, pues ésta, atrapada en la parquedad del que osa escribirla, huye de todo hoy (como decía Nietzsche, quizás en Sils-María o no sé en dónde, pero qué frase tan evocadora, ¿no?... "Sils-María Alta Engadina"). Las encuentro en las redes sociales más frecuentadas, o en blogs o foros lanzados al azar por el buscador predilecto que ordena la representación actual del mundo, y me enternece profundamente cómo todos creen ser alguien. Por eso pueden escribir, desde sí mismos, indignándose o gozando; contando refinadas anécdotas o espetos del desfogue espontáneo que sobreviene al morbo, suponiendo que ante ello –desde notas rojas o amarillas, muertes, más muertes, hasta críticas feministas un tanto apresuradas que ofenden a ciertas lectoras practicantes del BDSM seguidas de un amplio análisis de éste desde las neurociencias (leer "ciencia" es también divertido), etc. (no aburriré más con lo que ya se sabe)– se ha de adquirir una postura, crearse un posicionamiento, como si uno fuera alguien. ¡Qué bonito imaginarme escribiendo, también, X o Y o la mutación de una a otra!

Pero heme aquí, de nuevo ante el ordenador (qué chistosa palabra para designar a una computadora, ¿no?). Y sí... también ostento mis pequeñas opiniones temblorosas que se esconden, tímidas, y no escribo. Y de nuevo escribo y no escribo y no digo, y no porque crea que no sea también, en cierta forma, con muchas reservas, alguien (que se delata aquí "sin querer", que quizás algún día les hable sin tapujos "de sí"), sino porque... porque... ¡no sé por qué! ¿Por qué carajos algo debe tener, por fuerza, una forma y un fin? ¿Por qué ser agradable a la vista y no, si acaso, tan sólo al espejo y a la oscura interioridad del sentimiento de la propia piel? (Acabo de recordar una imagen de una novela buenísima cuyo título se me escapa, pero el punto es que X, un hombre fuertísimo y robusto, añora su trenza perdida, aquella que al fin le cortó su madre ante la inminente adolescencia después de tratarlo y vestirlo quién sabe por cuantos años como a la delicada niñita judía que no fue, que no tuvo. No sé cómo explicarlo mejor; a ese sentimiento en piel me refiero.) La cosa es que el texto también es alguien con su propia piel, pensamientos y afectos, y está triste de tener que ser algo para, no digamos ya gustar, sino al menos poder ser leído. Digerido. Lo que sea. Y por eso el texto, orgulloso, se esconde de la escritura y entonces... Entonces nada.

Ya no hay ociosos lectores de las miles de páginas de diarios de ociosos escritores que, eso sí, excretaban ser; excretaban su talidad o quiditud, o lo que sea (¡bonitas palabras!, quizás algo pedantes, sí, pero no neguemos que son bellas –y estas alturas quien lea ya se habrá percatado de que mi cómodo concepto de lo hermoso-bello-bonito es muy amplio (y sí, otra vez mi "ser alguien" se asoma), pero más bonito es lo que me acabo de encontrar resultado del tipear "alquid" en el susodicho buscador: "No se ha encontrado ninguna traducción humana. ¡Por favor, contribuya!". Me da un poquito de tristeza y gracia no atender al ruego. Pero, bueno, no es tan necesario, ¿o sí? Infinitamente más triste sería un mundo en el que todo se hiciera por necesidad o deuda.) ¿Qué podría escribir hoy "alguien" que aún lee con very gusto (no me acuerdo adónde leí esa expresión, tan verygustosa) las autonovelas de Marguerite Yourcenar?
Share this article :
Show Comments: OR

Publicar un comentario

 
Support : Creating Website | Johny Template | Mas Template
Copyright © 2011-2015. Pillaje Cibernético - All Rights Reserved
Template Created by Easy Blogging Published by Mas Template
Proudly powered by Blogger