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Sobre la excelencia y otros imposibles.

Escrito de Papillón publicado el viernes, 18 de noviembre de 2016 | 00:00

Cualquiera que sea tu tarea en la vida, cualquier perfil que cubras en la sociedad a la que pertenezcas, estarás inmerso en un sistema que te empuja a cumplir ese papel, salvo en los casos en los que decidas pagar el precio, que es altísimo. Todos los días se escuchan frases que hacen alusión al trabajo y a los menesteres de cada persona. Frases como: “Trabajo es trabajo”, en la cual intentamos restar importancia a otras cuestiones más bien personales, sabiendo de antemano que es más importante tener las cosas bien con aquello que es nuestra fuente de ingreso y sostén de familia, que estar bien con la propia familia.  Eso es porque es más importante la comida que las sonrisas que le tengas que arrancar a “tu vieja”, como vulgarmente decimos los mexicanos. (Bueno, sus viejas porque yo lo que es vieja, solo la que me trajo al mundo.) En la actualidad es más importante estar bien con el jefe que con “la jefa”, como también decimos, no sin cierta vulgaridad nuevamente, los mexicanos para referirnos a nuestra madre, tan mentada, por cierto… Los mexicanos, ¡ay, esos cabrones! –disculpen que vaya de un tema a otro, no puedo sino dejar que la pasión por lo que quiero decir me arrebate en un dejo de estupideces que si bien no tienen sentido, al final creo que los caminos de la vida así son: Veredas en las que vamos descubriendo las espinas del camino-. Esos mexicanos que a todo le ponemos nombre secundario y que en la segunda concepción nos albergamos para no ser lo que somos. Porque detrás del chile se esconde el pito, como vulgarmente –en lo sucesivo todo será vulgarmente- decimos los mexicanos sobre la verga, es decir, el pene; detrás de la papaya se esconde “la panocha”, la vagina para acabar pronto, y todo lo que existe en determinado tiempo tendrá forma de pene y de vagina. Porque así somos los mexicanos... Pero vamos, que del sistema político hemos llegado hasta una vagina, ¿cómo nos pasó esto? Como quiera que haya sucedido, regresar es más difícil que retomar el tema:


Es tu obligación levantarte a una hora y asistir a un centro de trabajo a mover tus manos y pensar (en algunos casos), para que un sistema que se integra también por ti, se sostenga. Pero vamos, ¿que no se suponía que estábamos vivos para vivir? Bueno, es que necesitas trabajar para comer, y comer para vivir, dirán otros. Pero luego sale un loco por allá diciendo que no se necesita la comida para vivir y que solo los rayos del sol bastan y pienso: ¿Y si fuera cierto y todo este escenario al que pertenecemos pudiera ser completamente diferente pero no lo parece porque así siempre ha sido, porque estamos programados o por lo que se te dé tu chingada gana pero el punto es que “sea diferente” solo porque sí, porque esa es la premisa y no necesita justificarse para analizarse; si esto fuera así, si de verdad no necesitáramos la comida tanto o más que el sexo o incluso que el sueño o que unas vacaciones, en otra forma de hacer las cosas, entonces, por qué no lo hemos hecho? Si los que defienden la legalización de las drogas bajo la premisa de que abren la consciencia, tienen razón, entonces no es difícil imaginar que quizá su ilegalidad sea premeditada, y quienes se burlan de esta situación también pagan un alto precio. Los que no coinciden con la sociedad y el sistema de empleo son los artistas que mueren de hambre porque no pueden vender, son los vagabundos, los alcoholizados tirados en las calles, los perdidos en las drogas, porque son personas que no están encajando. Los que reniegan de las drogas y van contra las leyes al respecto de esto, están muertos, en las cárceles, escondidos, peleando, sufriendo, dando la vida, no por ellos, no por suerte de ser narcotraficante sino por hacer algo prohibido que está prohibido quién sabe porqué vergas y para qué. La pregunta de si las cosas que se consiguen con droga pueden conseguirse con meditación, requiere una respuesta que incluya todas las otras cosas que logramos por otro medio, como comer: No comemos porque cacemos, comemos porque cultivamos vacas y zanahorias, encontramos la forma de tener abasto de lo que nos suponía una primera necesidad. Para matarlas cuando fuera necesario comerlas. ¿Por qué no habríamos de usar aquello que sea un camino más corto para la sensación que se percibe con la meditación, en las drogas, si eso hicimos con la medicina, si es que esta historia de que abren la consciencia, es cierta?



Tenemos todas las respuestas antes de nacer. Trabajamos 6 de 7 días que tiene la semana, en los países más desarrollados 5 o incluso 4. Los hay que son privilegiados y hacen apenas labor desde casa y sus ganancias son altísimas. Pero ¿qué hace el común de la sociedad? Vivir trabajando. Esto no suena mal si nos comparamos con las hormigas. Pero todo se descompone cuando vemos que de todas las hormigas, algunas mueren de hambre, o de guerra, si es que tuvieron la desgracia de nacer en un país con riquezas naturales, como África con los diamantes, Siria y Turquía con sus tierras de oleoductos de petróleo, México como petrolero.


Sus propias riquezas suponen sus desgracias, porque somos atacados, conquistados, sometidos, Es la historia de la vida, de todos los pueblos sobre todos los pueblos. A México le llega como imposición de precio al petróleo, digo, para qué nos hacemos pendejos y queremos ver como que la Expropiación Petrolera y la Reforma Energética no solo siguen conviniendo a los países más desarrollados que usen petróleo, sino que suponen nuestra propia desgracia: Nos siguen diciendo cómo hacer las cosas en nuestro propio suelo, porque somos ignorantes, atascados, necios. Los latinos fuimos los agachones, los que al primer pendejo que se nos puso enfrente le dijimos “sí, señor, lo que tú digas”. Por eso los putos españoles nos chingaron en dos patadas (los españoles viejitos, los de ahora ya me caen mejor). Y hoy, las corporaciones impuestas sobre los gobiernos, porque es más importante el producto, el servicio, el trabajo, la prisa por tomar las vacaciones, por pagar la tarjeta, por comprar la primera camisa y no se preocupe que nosotros le damos el crédito que usted necesita para construirse una vida acorde a sus necesidades, del tamaño de sus sueños. 


Pero alto aquí, ¿cuáles sueños? Analicemos los primeros sueños del niño: Un trineo volador rebosante de juguetes y abundantes dulces, ¿qué otra cosa puede soñar un niño sino estupideces? Al final es un niño, no entiende las cosas. Cuando sea grande lo entenderá, y resulta que llevamos pinche mil años tratando de entender y pos no llevamos mucho ¿edá? No entendemos una mierda. ¿Qué es la vida y para qué chingados estamos aquí? Y entre las respuestas que tengo, la que más me convence no es la que podría ser la respuesta de muchos. Habrá quien crea que es el precio de haber pecado, el camino a la excelencia, a la felicidad, al cenit que en otra vida nos será recompensada de pinche mil formas, unas muy morbosas, como el poseer un número insaciable de vírgenes (pero eso sí, van tapadas hasta la médula y sus hombres sueñan con tener no a una, sino a todas abiertas de patas para comer y lamer a su antojo, como en la tierra nunca hicieron, porque nunca conocieron las lamidas de amor, esas en donde lo que importa no es cómo te unes a otra persona sino que sea de todas las formas posibles: culturas en las que matan personas por ser homosexuales o por tener Facebook, siguiendo una teoría sangrienta), yo más bien creo que el cenit es precisamente la coincidencia de estar vivos, el momento efímero que resulta ser esto, la hoja del árbol, el esperma que fecundó y cambió la historia, porque cada día se pasa más rápido que los últimos 20 años. Y dentro de 20 años la mitad de nosotros no estaremos, porque nos morimos, porque desaparecimos o porque fuimos "esfumados" como el la cruda historia de "1984 o El gran hermano", libro visionario escrito  por George Orwell (1947). Pero estamos trabajando para producir más, teniendo la tierra llena de guerras y minados los campos, los poderosos sobre los pobres y estos siendo muertos para que se ajusten a un sistema donde su mano de obra esclavizada servirá para darle la vida que merecen a unos cuantos. Y por eso también los hombres, como los animales, tenemos reina, lo que los hombres no sabíamos es que esta reina iba a ser dueña de todos los hormigueros y además, para que puedas vivir en él -después de trabajar-, debes pagar por tenerlo, y como no tendrás más dinero que el que yo te doy por tu trabajo, entonces me pagarás con más trabajo. Y al que no le gusta está en la cárcel, en las calles, en los cementerios o encerrado en un manicomio declarado loco por convenir a los intereses de ese sistema podrido. Otros muchos sentados en su banqueta pidiéndole a su pobre madre 20 pesos para una caguama. Los activistas: Muertos. La pregunta es ¿por qué? La respuesta es: Ni puta idea. Pero creo que es por pendejos.










Pd.- La imagen de la mano cortada pertenece a un post que habla sobre los diamantes de África: http://marinareinaguindo.blogspot.mx/2011/12/diamantes-de-sangre-otra-vez.html




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