Rosemary: feliz en prisión

Escrito de E.J. Valdés publicado el lunes, 28 de noviembre de 2016 | 00:00

Durante las lecturas que realicé para la redacción de mi anterior artículo sobre Fred y Rosemary West encontré considerable información actualizada del caso. La mayoría de los artículos que repasé atañen a las vidas de los niños West tras la detención de sus padres y con los libros que se han publicado al respecto, pero también me topé con un reportaje que escribió Stephen Wright para el Daily Mail en el cual aborda la calidad vida que Rosemary lleva en prisión: en él nos relata que la mujer vive tan cómoda que no hace falta ser familiar de sus víctimas para cuestionar la efectividad del sistema penitenciario, y es que la notoria pedófila y asesina ya jamás tendrá que preocuparse por pasar hambre o frío, e incluso obtiene un salario al interior de la cárcel. Puesto que lo considero un texto que se presta para la reflexión (y que seguro interesará a los amantes de estos temas escabrosos) me tomo la libertad de traducirlo y reproducirlo en este espacio. Esta nota se publicó en el Reino Unido el 21 de febrero de 2014 y pueden consultarla en su versión original si dan clic aquí.


Avon, Monopoly y The Archers: por qué Rose West ama la vida en prisión tanto que quiere morir allí

Rosemary West es tan feliz en prisión que quiere morir allí, revela el Mail.


Días antes del vigésimo aniversario de los horrores de la casa 25 de Cromwell Street, una persona cercana a la asesina serial de sesenta años comenta que ella no tiene interés en apelar su sentencia vitalicia porque disfruta vivir tras las rejas.

West, a quien se le imputaron diez asesinatos en 1995, vive en una prisión de máxima seguridad a un costo para los contribuyentes de 5,000 libras esterlinas al año[1].

Allí, la psicópata disfruta escuchar las emisiones de The Archers en Radio 4, jugar Monopoly, el bordado, la cocina y las compras por catálogo. Según fuentes fiables, ama los productos de belleza de Avon y las baratijas de Argos, mismas que le entregan a domicilio. Su celda en la penitenciaría Low Newton, en Durham, cuenta con televisión, radio, reproductor de discos compactos y baño privado.

West, una ninfómana cuyo esposo se suicidó poco antes de que los dos fueran enjuiciados por un total de doce asesinatos, también ha sostenido una serie de romances lésbicos tras los barrotes. Según reportes, la mujer recibe un salario semanal de 16 libras esterlinas por su trabajo como conserje luego que la promovieran de un puesto de limpieza. Se dice que una de sus labores es prepararle el té a las guardias.

Su gusto por la vida en prisión es una mofa a la resolución de la Corte Europea de Derechos Humanos —rechazada esta semana por la Corte de Apelaciones— que señala que las sentencias vitalicias deberían ser ilegales.

Y esto seguro enfurecerá a los familiares de las nueve niñas y señoritas que fueron violadas, torturadas y asesinadas por West, junto a su por igual depravado marido, Fred, y que fueron enterradas en su casa de Gloucester.

Luego de que Rose fuera condenada, algunas de las familias de las víctimas se quejaron de que la asesina jamás tendría que preocuparse por comida, calefacción o por pagar una renta mientras estuviera en la cárcel.

El próximo miércoles se cumplen veinte años exactos de que la policía hallara los restos de la desaparecida hija de dieciséis años de los West, Heather, así como otra tibia humana enterrados en el jardín trasero del número 25 de Cromwell Street.

Heather, quien desapareció en 1987, fue la primera de nueve chicas cuyos restos fueron encontrados en casa de los West.

La fachada de la prisión Low Newton

Tres víctimas más fueron halladas en otros sitios, entre ellas la hijastra de ocho años de Fred, Charmaine, a quien Rose asesinó en otro domicilio en 1971, mientras él estaba en prisión.

Pese a la apabullante evidencia que la fiscalía presentó en su contra durante el juicio, Rose siempre ha negado ser una asesina.

El Mail revela también que el propio abogado de West la ha instado a confesar todo lo ocurrido y señalar los lugares de entierro de otras posibles víctimas. No sólo se ha negado, sino que despreció una nota de perdón que le envió el familiar de una víctima: hace dos años Marian Partington, cuya hermana, una estudiante universitaria de 21 años llamada Lucy, fue raptada y asesinada por los West en 1973, reveló que, tras mucho meditarlo, escribió a West para ofrecerle su perdón.

Los detalles se encuentran en su libro If You Sit Very Still, publicado en 2012. En la carta, que ella escribió en 2004 pero esperó años para remitir, dijo a West: “No siento hostilidad alguna hacia usted, sólo tristeza: una profunda tristeza de que todo aquello ocurriera y de que su corazón no pudiera sentir una verdad que, deseo, llegue a conocer”.


Semanas después recibió una carta escrita en la prisión a nombre de West, en la cual rechazaba su perdón y le pedía “cesar toda correspondencia”.

El Mail descubrió que en 2001 West contactó a un miembro de su equipo legal, quien trabajaba en una apelación ante la Comisión para la Revisión de Casos Criminales, para informarle que no deseaba salir de prisión.

Según una fuente: “Ella dejó claro que era feliz en la cárcel y que deseaba hacer su vida allí. Dijo que no quería apelar contra su condena pero que tampoco admitía haber asesinado a alguien”.

El ex abogado de West, Leo Goatley, se negó a comentar por qué ella canceló su apelación, pero la instó, por respeto a las víctimas, a revelar con exactitud qué había sucedido en Cromwell Street.

Dijo: “En la investigación nunca se estableció con precisión qué fue de las víctimas. Sabemos que fueron asesinadas, desmembradas y enterradas. Pero hay un hueco en el centro del caso. Las personas implicadas podrían seguir adelante si [los hechos] fuesen esclarecidos”.

El señor Goatley afirmó que “hay fuertes” indicios de que la colegiala de quince años Mary Bastholm, quien desapareció en 1968, fue una temprana víctima de Fred.

El hermano de Mary, Peter Bastholm, dijo haber considerado apelar a West para que por fin dijera la verdad.

“Pero Rose no tiene una onza de compasión, humanidad o bondad en su cuerpo”, dijo. “La rehabilitación y el remordimiento no aplican para prisioneros como ella”.

Fred West escapó de la justicia al asfixiarse en la prisión Winson Green, en Birmingham, el año nuevo de 1995.



[1] Alrededor de $125,000 pesos en noviembre de 2016.
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