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El sueño más obscuro de Dios

Escrito de E.J. Valdés publicado el jueves, 10 de noviembre de 2016 | 10:56

El pasado fin de semana me topé en uno de los canales del cable con una película que jamás creí ver en la televisión: God’s Darkest Dream, del cineasta canadiense Elijah McCartie. Esta cinta de 1997 es una dramatización de los pormenores tras la realización del legendario cortometraje Into a Darkened Room, de Kye Smith, una pieza de cine surrealista de los años 70 que, sin bien fue poco difundida, generó una considerable controversia por su temática y por sus muy gráficas escenas de violencia y crueldad. En el presente artículo hablaré un poco sobre estos dos trabajos que no son muy conocidos en el mundo de habla hispana.

Kye Smith en 1981

Into a Darkened Room fue uno de los primeros trabajos fílmicos de Kye Smith, un escritor y director de cine con base en Chicago. Al igual que el resto de su obra de la época, éste no tuvo mayor presupuesto que sus ahorros y se grabó en cuestión de unos días en un desvencijado vecindario de la Ciudad de los Vientos. El cortometraje relata, sin diálogo y en apenas veinte minutos, cómo un anónimo protagonista es inducido a una secta satánica y pierde la razón a causa de los terribles prodigios que le son mostrados. Los valores de la producción eran acordes al tiempo y el dinero que se invirtieron, sin embargo, cuando este título tuvo sus primeras proyecciones en un par de festivales de cine independiente en 1974, su contenido de inmediato dio de qué hablar, y es que más de la mitad del cortometraje consta de escenas explícitas y violentas con una fuerte carga anti religiosa. El hecho de que se lo presentara en un blanco y negro de muy mala calidad, reproducido a mayor velocidad de la normal, contribuía a su atmósfera macabra. Smith, un gran aficionado al ocultismo, grabó la totalidad del corto en lugares en donde se cometieron asesinatos y expuso al equipo de producción a auténticos ritos satánicos. Corre el rumor de que algunos miembros del elenco, una vez frente a la cámara, incurrieron en conductas que el director no solicitó y a las que luego no pudieron dar explicación. Así, en Into a Darkened Room se pueden ver mutilaciones que se creen genuinas, como ocurre en una escena en la que un hombre le arranca la lengua a otro con los dientes, u otra que muestra la fractura de un pene. Por igual son infames los pasajes en que se puede apreciar a una mujer que defeca sobre un crucifijo y otro en el que dos hombres desmiembran y luego prenden fuego a un gato. Por supuesto que esto provocó que el cortometraje fuera censurado en prácticamente todos los circuitos de cine y que apenas se proyectara en algunos festivales de horror de los Estados Unidos. Jamás se lanzó en formato casero y las pocas cintas que lo conservan se grabaron directo de la pantalla con una paupérrima calidad; en aquellas mejor logradas apenas y se escucha la banda sonora, que constaba de una larga sucesión de acordes en una guitarra distorsionada. Es por ello que este elusivo título es considerado por algunos un mito y por otros una especie de Santo Grial del cine surrealista, pues no sólo es muy raro toparse con una copia suya, sino con alguien que cuando menos sepa de su existencia. El propio Kye Smith ha contribuido a la leyenda negra de Into a Darkened Room en los contados comentarios que ha hecho al respecto: entre otras cosas, ha declarado que previo al rodaje sufrió terribles pesadillas que le dictaron las escenas que debía realizar, o que el actor que hizo al personaje principal se suicidó poco después de que concluyeran las grabaciones (incluso llegó a circular una presunta carta que redactó antes de quitarse la vida).


Fue el subterráneo furor por Into a Darkened Room el que llevó a Elijah McCartie a rendirle una suerte de tributo con God’s Darkest Dream, cuyo título se desprende de la cita con la que Smith abrió su cortometraje: “Behold. God’s darkest dream”. En esta cinta, cuya trama es producto de la imaginación de McCartie, un joven Kye Smith (interpretado por Warner Roper) recluta a las personas que participarán en la producción de Into a Darkened Room y las adentra al mundo del satanismo. Poco a poco, todos ellos comienzan a experimentar una serie de eventos sobrenaturales que alcanzan su clímax durante el rodaje: las cámaras capturan momentos terribles de los que nadie guarda memoria, y la violencia que debiera ser posible sólo mediante efectos especiales acontece en la realidad.

Tal como sucediera a su material de origen, God’s Darkest Dream tuvo una difusión limitada y, aunque no causó tanta polémica, se la vetó de miles de salas de proyección por el contenido explícito (McCartie intentó replicar cuadro por cuadro algunas de las escenas del cortometraje original). Tuvo una recepción muy pobre entre la crítica, que la consideró de mal gusto, y no tardó en alcanzar el estatus de filme de culto gracias a su temática. A finales de 1997, tras algunas proyecciones en el norte de los Estados Unidos, esta cinta llegó al formato VHS en una edición limitada cuyas copias llegan a cotizarse hasta en mil dólares en sitios como eBay. Kay Smith jamás ha emitido comentario alguno sobre ella.


God’s Darkest Dream es un filme reservado casi en exclusiva para los aficionados al cine de horror más crudo y violento, a quienes estoy seguro deleitará si es que alguna vez consiguen verla. Si no se cubre el perfil, es mejor alejarse de ella.
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