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Las ramas de la vida

Escrito de Papillón publicado el viernes, 17 de junio de 2016 | 01:00


Mientras riego las plantas que tengo en la cochera de mi casa, me percato de que el árbol que tengo a un costado de la banqueta, que hace sombra sobre mi fachada y la del vecino, tiene una forma extraña, a la par de que necesita urgentemente una podada. Si fuera una persona, sería uno de esos chavos estudiantes -o no- que dejan crecer el cabello a antojo propio -del propio cabello- adquiriendo la forma de árboles frondosos, como ahora mi árbol que, porque ellos parecen árboles, ahora él se parece a un estudiante despeinado, con un look atrevido y bello por ser natural, por lo abrupto de la naturaleza que se percibe en las junglas y en los bosques; el pedo es que tengo vecinos demasiado conservadores: Los árboles de sus banquetas tienen formas redondillas, como cabello de Godinez, peinado con jalea aplicada con una motosierra que va despellejando al árbol cada mes, como cada cierto tiempo el hombre corre a eliminar su cabello, sus uñas, su barba y, en fin, aquello que le estorba. Pero veamos primero: ¿Cómo sabemos que al árbol le estorban esas ramas, o por qué determinamos que es mejor podarlo? No faltará el pendejo que diga: "Se puede venir a mi casa y encimarse”. Al decirlo, vienen a mi mente imágenes de un muro enmohecido, por el que trepa una rama y a un costado, muebles antiguos, olorosos a madera, tabaco y bosque, porque en el bosque se encierra la humedad de un hogar: El hogar de los animales, como ahora en nuestra casa fresca con sus patios y sus árboles; y siento una paz increíble de solo pensarlo y pienso en contestar: Y ¿qué importa que se meta un árbol a tu casa, pedazo de imbécil? Pero entiendo que no todos pensamos igual y que no todos queremos lo mismo; habrá quien prefiera una fachada limpia y no tener que barrer las calles todos los días. Otro dilema en mi colonia porque a mis vecinos les da por barrer a diario, lo que a mí me parece innecesario, a decir por cómo lucen las calles llenas de hojas en lugar del cemento gris en contraste con las fachadas naranjas donde no se respira un solo insecto. Distinto de mi casa, pues ahí abundan no sólo una gran variedad de plantas, sino sus animales respectivos: zancudos, arañas, grillos y una que otra cucaracha, a las que sí mato si me las topo. Otro dilema que apoya la teoría que estamos tratando de insertar en esta perorata. Sólo pido un poco de paciencia.
El asunto es que mi árbol no sólo estaba despeinado, además tenía una forma irregular: Mi vecino había podado las ramas que daban con su casa, supuse que lo hacía para poder estacionar el auto sin ningún problema en su cochera. Las ramas que él había podado y que hasta ahora me di cuenta (cuando vi que mi árbol estaba despeinado), se habían convertido en apenas unos muñones que se habían ido engrosando con el tiempo. Observé la forma recortada con detalle: allí donde una vez una navaja cortó una ramita, ahora no había nada; se había evitado que creciera una rama. Observé las ramas circundantes y sus troncos no parecían tan débiles; las ramificaciones que tenía cada una de las ramas que no habían sido cortadas eran muchas, las hojas que albergaban todas las ramitas que dependían de cada tallo no cortado, como si de flores se tratara, eran miles. Lo cual me hacía concluir que si las ramas que fueron cortadas no lo hubieran sido, hoy habría "más hojas en más ramas". Y, a contrapartida que, si ahora quisiera deshacerme de alguna rama, sería no solo más difícil sino con consecuencias más funestas.
Para entender lo que digo, vamos a suponer que cada hoja es una "representación individual" de la naturaleza; algo similar a un animal, a una piedra o a un hombre. Incluso a una tierra, un planeta o una galaxia. No importa la escala, basémonos concretamente a la individualidad de un ente. La rama que no cortamos cuando estaba tierna hoy es un tronco que nos llevará varios minutos talar (si contamos con la herramienta adecuada); y además haremos morir a un sinnúmero de individualidades: Las hojas.
Esta sucesión de hechos se repite en las plantas de mi casa; cuando una yerba de fácil crecimiento que salió sin ser sembrada, nace siempre a la vera de las plantas que fueron depositadas en una maceta ex profeso, a esas plantas silvestres me gusta dejarlas, tienen flores bonitas y, aunque se extienden mucho, a mi gusto son parte del follaje. Lo que sí es un hecho es que le roba nutrientes a las otras plantas, las que sí fueron planeadas para esas macetas. Y terminas cortándola cuando ya no está permitiendo crecer a la otra. A veces me recrimino no hacerlo cuando apenas está saliendo, la dejo crecer y un buen día llego y arranco de tajo y desde la raíz toda la planta, con sus flores bellas, silvestres y pequeñas. Aquí no vamos a discutir si las plantas sienten o sufren; porque solo haríamos conjeturas, pero sí vamos a decir lo que sucede si se deja crecer la hiedra o si se corta. Si se deja crecer se hará maleza en tus macetas, habrá telarañas, polvo, quizá lleguen hormigas y se cree un ecosistema, que es el comportamiento natural de la tierra allí donde el humano no toca. Y aquí es donde todo mundo va a torcer la boca:
Porque, si evitando que crezca lo que no debe crecer, para que las consecuencias funestas de su reproducción sean menores (ramas donde es un paso de autos; maleza donde es un patio para tender ropa; etc), entonces se estará previendo un problema a futuro. Problema que, además, en caso de evitar enfrentarlo, se convertirá en una bola de nieve que seguirá creciendo. Y si somos entes individuales, ¿por qué no habríamos de trasladar esta analogía a las prácticas del hombre? ¿Por qué no habría de remitirnos nuestro análisis al aborto, por ejemplo? Hay temas que no pueden ser tocados con ligereza y uno de ellos es éste. Me gustaría decir primeramente que en temas de aborto, me parece que es a las mujeres a quienes toca decidir. No sabría decir cuándo empieza la vida ni responder si la mujer es dueña y señora de lo que acontece en su cuerpo.
Imaginemos al Brayan, tan conocido en los memes actuales; fotografiando a un chaval de pocas aspiraciones, venido al mundo como una consecuencia de algo sin planear, y otras cosas que no es necesario detallar. La sociedad detecta que alguien que lleva un nombre similar tendrá algún tipo de tendencia de vida. No por el nombre, sino por las circunstancias: Embarazos no deseados, adolescentes de 14 años orgullosos de ser padres; la sociedad que se sorprende de ello (antes casaban a nuestras abuelas a esa edad y no era por gusto sino por obligación, hoy al menos cogieron, supongo, con quien quisieron); el caso es que si deducimos el desenlace de la historia de la mayoría de los Brayan, podremos pronosticar no mucho éxito, cualquiera que sea el concepto de éxito. Y sólo por una cuestión: No habrá planes y la ausencia de planes hace que la hiedra nazca a capricho, que el árbol crezca en todas direcciones. ¿Por qué entonces podamos árboles? ¿Por qué cortamos hiedra? ¿Por qué no vemos pues el aborto como algo más objetivo y menos moral, religioso o bajo la lupa de cualquier otra ideología?
No es tan sencillo, cualquier persona podría usar este mismo argumento para acabar con un pueblo entero; como intentaba la Alemania Nazi con el Holocausto; sentimiento que tuvo sus albores desde la Primera Guerra Mundial; y claro, si es que la historia aconteció como nos la platicaron, porque los mejores testigos están muertos y si algo me queda claro es que las versiones oficiales las cuenta quien ganó. Y aquí no queda claro quienes son realmente los ganadores de las guerras. Pero no nos desviemos, luego hablamos de Hitler, de Obama y de Vicente Fox, ahora que anda del chongo con el otro payaso de Trump. El asunto es que el argumento de evitar que nazca lo que en un futuro se convertirá en un problema es un tema difícil de tocar, porque en esta ocasión no estamos hablando de ramas de árboles ni de hiedra, ni de huevos de gallina; sino de personas o pueblos enteros. Si los gringos no hubieran acabado con los Indios de occidente, si no hubiera habido esa sanguinaria represión, los gringos quizá no serían como son ahora: copia gorda de los ingleses. Ni los mexicanos si en lugar de que vinieran españoles (vaya puta combinación, españoles con mexicas, folklor puro con fanatismo) hubieran venido los Rusos. Digo, sería más cagadero, pero también nuestra cultura y fisonomía serían distintas. Somos la consecuencia ineludible de lo que antes aconteció. De esa manera este presente se construye con lo que será el futuro. ¿Dónde se debe debatir acerca de qué y quienes pueden decidir acerca del futuro de un pueblo? ¿Nos estamos civilizando y por eso ya no se persiguen personas para cortarles la cabellera o decapitarlos por ser de una raza inferior? Negativo: las mismas prácticas acontecen en la actualidad: fusilados, decapitados, quemados vivos, etc. Como cuando la inquisición o las cruzadas. No hemos cambiado en nada. ¿Por qué entonces no reconocernos como una especie más de las millones que hay en este planeta que, además, es menos que una mierda entre todas las galaxias? Ya no hablemos de nosotros los humanos, o más en concreto, de ti, sino de todo. Somos árboles genealógicos, nuestras ramas de humanidad son cortadas cuando estorban, es mentira que no se persigue a la gente; en estos momentos están siendo atacados cristianos por el Estado Islámico; Maestros oaxaqueños (o usurpadores de maestros) por el gobierno; sicarios por otros sicarios y en general el mundo está en una guerra de poder. Nos tenemos que matar para tener la supremacía en nuestro pedazo de tierra, tal como la rama que crece encima de otra rama aplastándola rotundamente. Como yo cuando mato las cucarachas que osan acercarse a mi jardín, supuestamente, incluyente. Como cuando el lugar es incluyente pero no pueden besarse porque son dos mujeres. Y así todas las características que nos asemejan a las plantas, a los animales y a todo lo que existe. Lo que pasa es que el hombre se siente más importante de lo que realmente es. La consciencia que él conoce, la realidad que él se ha construido, le hace pensar que entre las especies, es el supremo que moverá al mundo. Y quizá lo haga, pero desde esta perspectiva no es más que el mosquito que rodea la manzana cuando se está pudriendo. Como el hombre con sus aviones y satélites al rededor de la tierra. Quizá el mosquito formado al rededor de la manzana, nace de la manzana para salir al aire, y ser otra cosa una vez muerto. Quizá el hombre salga de la tierra, termine pudriéndola, y, fuera, se convierta en otra cosa. Lo que quiero decir es que no estamos fuera del Todo, de aquello que resulta que es todo esto. Porque a ciencia cierta, la verdad es que nadie lo sabe. Porque mientras uno esté seguro de que algo es así porque lo sabe, para otro eso será solo una creencia. Concédanme darle más peso a la humildad de aceptar que la verdad de otra persona puede ser la cierta por mucho que contradiga aquello en lo que yo creo, como un ejercicio de ser lo más objetivo posible. En la República de Platón, Sócrates explica que un ganadero, para crear su ganado, elige a las mejores reses para ser cruzados y obtener crías. Dice que los sabios deberían gobernar el Estado y decidir quiénes podrían reproducirse y en qué circunstancias, para que el soldado, destinado a la guerra, no tuviera hijos huérfanos. La utopía, cualquiera que sea, tal como las democracias de la actualidad, sólo nos sirven de modelo de vida, la realidad es que nos abrimos paso tal como una hiedra en torno a una planta, tal como las colonias marginadas en torno a una ciudad con edificios enormes, llenos de tecnología, acercados al sol; somos un ecosistema reproduciéndose, nuestros países son nuestros hormigueros y la globalización lo único que hizo es que ahora todos los problemas son de todos. Si en un jardín se abandona la poda, la hiedra terminará cubriéndolo. Para los alemanes fueron los judíos; para los judíos, los árabes; para los gringos, los mexicanos. No porque nos hagan la guerra armamentista. No directa, al menos. (otro tema pendiente). Pero así: pueblo sobre pueblo, rama sobre rama.
Y, volviendo al aborto, los gobiernos y los grupos de poder fusilan, matan, secuestran, etc. Son las hojas caídas de una rama cortada. De verdad ¿no habría sido mejor que no sucediera? Mi vecino cortó una ramita, ¿con qué derecho? No lo sé. Pero ahora no tenemos que cortar miles de hojas.
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