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Doom: una larga historia

Escrito de E.J. Valdés publicado el viernes, 17 de junio de 2016 | 00:00

¿Por qué será que los grandes títulos FPS tienen producciones tan turbulentas? Duke Nukem estuvo fuera de circulación quince años, Valve lleva casi una década prometiendo la continuación de Half-Life y id Software se tardó prácticamente ocho años en entregar el nuevo título de la serie de Doom, el cual por fin llegó a PC y consolas y nos ha convencido de que la espera valió la pena. No es de extrañar que el juego le haya tomado tanto tiempo; cuando eres la empresa responsable de popularizar el FPS y hablas de tu nave insignia sabes que debes hacer las cosas bien, y lo que es más importante: tienes que redefinir el paradigma. Aunque no estoy seguro si acaso la nueva entrega de Doom cumple esto último, tengo la certeza de que varios desarrolladores ya se preparan para explotar el momentum y que quizá veamos un renovado interés en un género que lleva estancado cuando menos diez años. El juego es muy bueno y tan adictivo como lo fue el primero (no por nada llevo postergando este apunte una semana). Doy gracias a los oscuros señores del infierno porque este esperadísimo título no decepcionó a quienes esperábamos que la serie retomara sus raíces y las llevara un paso más adelante. No me malinterpreten: Doom 3 fue un gran juego, es sólo que, en aras de lograr una historia mucho mejor sustentada, id nos entregó un híbrido entre RPG en primera persona y survival horror, tan largo que llegaba un punto en que se sentía como más de lo mismo. Recordarán que al iniciar una nueva campaña era necesario explorar, leer y escuchar unos diez minutos de diálogo antes de soltar un solo tiro. Y la batalla contra el Cyberdemon… Bueno, en realidad no era una batalla como tal. Esta nueva encarnación de Doom, en cambio, es un título de acción como lo fueran los dos primeros sin dejar de lado la trama, que me parece la mejor construida de toda la serie, en gran medida por todas las interrogantes que deja en el aire sin que se la sienta como una historia incompleta. Y vaya que se vislumbra mucho potencial en su futuro cercano.


Es justo el argumento de Doom el que me obliga a cambiar el control por el teclado, pues a partir de lo visto en esta nueva aventura he desarrollado esta loca teoría de que todas las entregas conforman una única cronología. Sé que id ya dijo que se trata de un relanzamiento, pero yo estoy convencido de que sí es una secuela y que debió llevar, orgullosa, el número 4 a la derecha del título. Mi teoría parte de la siguiente hipótesis: el marine de este juego es el mismo al que acompañáramos a través de las lunas de Marte, el infierno y la Tierra en Doom, Doom II y Doom 64; aquel soldado que fue asignado a la base de la UAC en Fobos luego de atacar a un superior que le ordenó disparar a civiles. Si acaso es un descendiente del protagonista de Wolfenstein como se ha sugerido antes, es irrelevante para nuestra causa. Este anónimo marine se abrió paso a través de las huestes infernales, destruyó al Cyberdemon, aniquiló al Spider-Mastermind y regresó a la Tierra para detener la invasión demoníaca que amenazaba con obliterar a la humanidad. En un acto heroico, fue el único ser humano que se quedó en el planeta tras la evacuación masiva y de nuevo se abrió paso hasta el inferno para hacer añicos al Icon of Sin. Si acaso esa victoria significó el regreso de la raza humana a su planeta natal, lo desconocemos, lo cierto es que las fuerzas obscuras se replegaron a Marte y allí planearon el contraataque. Al saber esto, el marine se arrojó, valeroso, a la batalla, misma que culminó con la destrucción de la Mother Demon. Tras esta nueva aventura, el protagonista decidió quedarse en el infierno, decidido a exterminar cuanto allí hubiese, y es en este punto donde le perdemos la pista, pues él no es el héroe de Doom 3 y sus expansiones. De hecho, no sabemos nada de él hasta el inicio de Doom (2016), cuando el doctor Samuel Hayden lo despierta para que se encargue de la invasión desatada por Olivia Pierce en la base de la UAC en Marte. “The cycle begins anew”, nos dice el juego, y es cierto: el marine está enfrascado en una sempiterna lucha contra las fuerzas del mal.

Pero, ¿cómo sabemos que este marine es realmente el mismo? El propio juego se encarga de darnos todas las pistas. La primera es su traje de combate, aquí denominado “Praetor Suit”, el cual guarda considerables similitudes con el que vistiera en Doom y Doom II, y que podemos apreciar mejor en la clásica portada del primero.


Por si fuera poco, al examinar esta nueva encarnación de la armadura en la galería de coleccionables podemos ver insignias y números reminiscentes de un cuerpo militar.


A lo largo de la aventura descubrimos también que este personaje silencioso ya había combatido antes a los demonios, tanto en su dimensión como la nuestra —“for he alone was the Hell Walker”—, y que éstos llegaron a temerle tanto que lo sepultaron en una apartada colina del infierno, resguardado por runas, encantamientos y un feroz contingente hasta que la expedición de Samuel Hayden lo encontró y lo llevó de regreso a Marte. Mucho más adelante aprendemos que este héroe sin nombre fue alguna vez el más poderoso de los Night Sentinels, una cofradía bélica que protegía a un reino llamado Argent D’Nur de los embates del infierno. Sin embargo, no hace falta observar con gran detenimiento las esculturas que Samuel Hayden tiene en su oficina o las proyecciones holográficas del último nivel para darnos cuenta de que el Praetor Suit es muy distinto a la indumentaria del resto de los centinelas, más parecida a una armadura medieval. El traje del marine desentona; luce futurista y tecnológicamente avanzado en comparación.


Doom no nos dice más sobre el personaje y es ello lo que ha dado pie a especulaciones sobre su pasado como la que realizaré a continuación.

Esto es lo que creo que sucedió: después de los eventos de Doom 64, el marine se entregó por completo a una guerra personal contra el infierno y vivió muchas más aventuras de las que vimos en los juegos. Se convirtió en una fuerza tan letal que los demonios comenzaron a considerarlo un depredador que, al cabo del tiempo, adquirió tintes legendarios: el marine se convirtió en el “Doom Slayer” del que hablan las estelas en Kadingir Sanctum. Pero sus proezas no solamente fueron conocidas en aquella dimensión obscura, sino en otros mundos que, al igual que Marte, sufrieron invasiones demoníacas. Mundos como Argent D’Nur, en donde sus hazañas fueron recopiladas en un documento llamado Corrax, del cual se desprenden la cita que abre el juego —“may we never need you again”— y parte de la información que la UAC posee sobre los demonios. El marine, un especialista en combate, se encargó de mejorar su traje, quizá incluso con tecnología infernal, y así la armadura estándar del personal de la UAC evolucionó en el Praetor Suit, cuyo origen algunos registros sitúan en el infierno. En algún punto de su historia el marine entró en contacto con Argent D’Nur y su experiencia como el único ser que había cruzado al infierno y de regreso fue tan invaluable para los Night Sentinels que incluso devolvió la paz al reino. Se convirtió en un héroe, pero él y los centinelas caerían, víctimas de una traición, y los demonios, al no poder destruir al marine, lo pusieron bajo un sueño atemporal y lo encerraron en la tumba de Kadingir Sanctum con la esperanza de que jamás escapara para atormentarlos de nuevo. Luego, Argent D’Nur fue destruido.

Entre estos eventos y la invasión de Olivia Pierce transcurrió un tiempo difícil de determinar. Los archivos de la UAC señalan que el sarcófago del marine aparentaba milenios de antigüedad, pero es probable que el tiempo no transcurra de la misma manera en el infierno que en Marte o en la Tierra (bendita relatividad). Durante la ausencia del marine, la humanidad regresó a la Tierra y se hizo un nuevo intento por colonizar y explotar Marte, encabezado por la UAC, por supuesto. Mars City, la base en la que tiene lugar Doom 3, fue el resultado de esta incursión (en el juego no se mencionan Fobos y Deimos, quizá porque, tras lo ocurrido allí, la UAC no tenía interés en esos lugares). La principal actividad de Mars City era la producción de energía que era vendida a la Tierra, la cual bien pudo ser un precursor de la energía Argent que Samuel Hayden sintetizó a partir de la energía del infierno (él también habla de una crisis energética en la Tierra que se resolvió gracias a las investigaciones en Marte). Imagino que el doctor Malcolm Betruger fue un pionero de este avance al descubrir los sitios arqueológicos y que, tras el hallazgo, se obsesionó a tal grado con el poder del infierno que terminó por propiciar una nueva invasión. El consejero Elliot Swann seguro sabía que Betruger se traía entre manos algo peligroso pero llegó demasiado tarde para detenerlo. El marine que enfrenta esta nueva amenaza, pues, no es el mismo que luchó en Fobos y Deimos, y cuando por fin llega al sitio arqueológico encuentra información sobre un guerrero que, antes, ya combatió al infierno con gran ferocidad; se trata del primer marine, al que vemos representado en los fragmentos de una de las tabletas en el sitio 3. 


Si eso no parece suficiente evidencia: ¡nos topamos su sarcófago justo antes de bajar a pelear con el Cyberdemon! ¿Qué hace allí y no en Kadingir Sanctum? No tengo idea, pero es la prueba de que id quería “atar” la historia de todos los Doom desde entonces.


Luego de Doom 3, Betruger consigue escapar y el segundo marine es rescatado de Mars City por un equipo de salvamento. Quizá regresó a la Tierra, pues son otros dos guerreros los que ponen fin a la amenaza en las expansiones Resurrection of Evil y The Lost Mission.

Los acontecimientos de Doom 3 sentaron las bases para Doom 2016: tras recobrar control de Mars City, la UAC retomó su lucrativo proyecto energético, esta vez con el conocimiento que la última invasión les dejó de la energía infernal. Dio inicio una era de tremendo desarrollo tecnológico que culminó con la llegada de Samuel Hayden a la dirección de la compañía. Él y Olivia Pierce llevaron la investigación de la energía infernal a otro nivel con la construcción de la Argent Tower. Los dos se interesaron tanto por el infierno que abrieron nuevos portales que hicieron posible no solamente la exploración remota del mismo, sino la obtención de los especímenes con los que experimentaron en los Lazarus Labs y que dieron origen al Cyber-Mancubus, al Spectre y la nueva iteración del Cyberdemon. No es descabellado pensar que esta militarización de los demonios tenía fines comerciales. Olivia, al igual que el doctor Betruger, se dejó seducir por los poderes infernales, mientras que Hayden se habría interesado más por artefactos como el Crucible y las leyendas del “Doom Slayer”, al cual rescató de su prisión en Kadingir Sanctum en persona (gracias a su cuerpo cibernético pudo entrar y salir ileso del infierno); artefactos que, a fin de cuentas, se tradujeron para él en otro tipo de poder. Es fácil asumir que tanto Olivia como Samuel tenían pensado aliarse con el infierno pero con fines distintos, y que Olivia, al adelantarse, estropeó los planes de Samuel, obligándolo a jugar su mejor (o peor) carta: el marine. Después de todo, sabía bien que él sería el único capaz de poner las cosas bajo control. Olivia también estaba al tanto de esto y por eso hizo cuanto pudo para impedir su despertar, como apreciamos en las grabaciones dispersas por la base. Si acaso fue una fuerza ajena a Hayden la que trajo al marine de regreso a la vida, como sugiere la secuencia inicial del juego, no lo descubrimos en esta campaña, y el destino del personaje luego de su incursión al pozo en Argent D’Nur queda en el aire.

¡Ah! Y hay un elemento más que enlaza estos eventos con Doom 3: Olivia Pierce tiene el Soul Cube en su oficina.



Es así como se me ocurre que los cinco juegos principales del universo de Doom integran una sola continuidad. Por ahora se desconoce el futuro de la serie, pero si tomamos en consideración que a todas sus entregas han seguido expansiones al poco tiempo es probable que muy pronto descubramos a dónde va todo el asunto de Samuel Hayden y el Crucible. Pinta de lo más interesante. Una cosa es segura: Doom será recordado como uno de los mejores videojuegos de 2016.


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