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Las muchas erratas de Troya

Escrito de E.J. Valdés publicado el viernes, 20 de mayo de 2016 | 00:00

Esta vez las musas del Helicón me instan a escribir sobre todo lo que está mal con Troy, esa película de 2004 dirigida por David Benioff y en la cual actuaron Brad Pitt, Orlando Bloom, Eric Bana y Diane Kruger. La cinta intentó relatar los pormenores de la invasión y posterior caída de la ciudad de Troya a manos de los griegos omitiendo por completo la intervención de los dioses y, de paso, muchísimas cosas más. En su defensa diré que, si lo tomamos como narración singular, el largometraje funciona, sin embargo, es al momento de compararlo con el material de origen que surgen un buen número de discrepancias e incongruencias. Si hemos de tomarla como cierta, la Guerra de Troya fue uno de los eventos más importantes de la antigüedad y el detonante del poderío romano en la península itálica. De lo que no cabe duda es que esta épica contienda marca el clímax de la mitología grecolatina y es, a la vez, una historia un tanto obscura si tomamos en consideración que la mayor parte de los documentos que la relataban no sobrevivieron a la antigüedad; La Ilíada y La Odisea, de Homero, son sus pasajes más célebres porque son los únicos que llegaron íntegros a nuestra era, de allí en fuera sólo nos queda un resumen conocido como la Crestomatía, atribuido a algún Proclo, y algunos fragmentos que comparten Apolodoro e Higinio. A partir del conocimiento que tengo del tema a través de éstas y otras fuentes, señalaré las muchas faltas que encuentro en Troy.


Aquiles no era un soldado de fortuna
La película abre con una confrontación entre los ejércitos de Micenas y Tesalia. Los primeros triunfan cuando Aquiles (Pitt) vence de una sola estocada al campeón de los segundos, acto que previene que las tropas de ambos bandos derramen sangre. Esto es puro invento: Aquiles no era un soldado ordinario y mucho menos estaba al servicio de Agamenón, rey de Micenas; él era hijo de Peleo, rey de Egina, y nieto del semidios Éaco, de modo que era un príncipe emparentado con el mismísimo Zeus.

Aquiles no era un pacifista
En su encarnación fílmica, Aquiles no se siente orgulloso de su aptitud para el combate y habla con desprecio de los reyes que no participan en sus guerras, en especial de Agamenón (Brian Cox). En realidad, Aquiles partió de buena gana a Troya junto a otros nobles, y todos ellos, Agamenón incluido, participaban en los combates.

Paris era mayor que Aquiles
La cinta nos muestra a Paris como un muchacho de unos 27 años (la edad de Orlando Bloom durante el rodaje), mientras que Aquiles tendría poco menos de los 40 años de Brad Pitt. Esto es una gran error: Paris estuvo presente en la boda de Peleo y Tetis, los padres de Aquiles, y fue en ese mismo evento que él, sin saberlo, detonó la Guerra de Troya al conceder la manzana de la discordia a Afrodita. Así pues, Paris debía ser, cuando menos, unos quince años mayor que el Pelida.


El juramento de Tindáreo
La mitología no se pone de acuerdo sobre las condiciones en que Helena salió de Esparta a bordo de las naves troyanas; algunas fuentes dicen que Paris la raptó con ayuda de Afrodita y otras que ella se fue con él por su propia voluntad. Un hecho que la cinta omite por completo es el juramento de Tindáreo: antes de entregar a su hija Helena a Menelao, Tindáreo siguió el consejo de Odiseo e hizo que todos sus pretendientes prometieran respetar su decisión y acudir en ayuda del esposo elegido en caso de que ésta le fuera disputada. Fue esto lo que impulsó a los reyes y héroes griegos a hacer la guerra con Troya y no la ambición personal de Agamenón.

¿Y dónde queda Troya?
En el ciclo épico, al rapto de Helena sigue un episodio un tanto chusco y vergonzoso en el cual nuestros héroes reconocen no tener idea de cómo llegar a Troya. Por error desembarcan y atacan en Misia, donde combaten a Télefo, hijo de Heracles, para luego desbandarse. Cuando la armada por fin se reúne (años después, según parece), se topa con otras tantas calamidades antes de llegar a la lejana Ilión. En la película, el viaje les toma unos días solamente.

La guerra duró diez años
El sacerdote Calcas profetizó que la guerra tendría una duración de diez años mucho antes que los griegos pisaran Troya. De hecho, los eventos de La Ilíada transcurren en el último año de la gesta. En Troy, el asunto queda zanjado en cuestión de días.

¿Y Filoctetes?
Uno de los héroes griegos que se quedan en el camino a Troya es Filoctetes, amigo de Heracles cuya posterior participación en la guerra fue crucial para el triunfo griego. La película omite a este personaje por completo.


Patroclo no era primo de Aquiles
Patroclo era hijo de Menecio, rey de Opus, y no tenía parentesco alguno con Aquiles. Incluso es probable que fuera mayor que él. En la tradición clásica, la relación entre estos dos personajes es ambigua, y aunque aquello de si eran amantes o solamente buenos amigos está sujeto a la interpretación, los antiguos griegos daban por sentada su relación homoerótica.

Aquiles no saqueó el templo de Apolo
En la película, Aquiles ordena a los mirmidones saquear el templo de Apolo casi tan pronto desembarcan en Troya. Incluso, el héroe decapita la estatua de Apolo flechador, acto que sus súbditos interpretan como mal agüero. En el relato mitológico, es Agamenón y no Aquiles quien ofende a Apolo al raptar a Criseida, hija de Criso, sacerdote al servicio del dios de la sabiduría. Esto, sin embargo, sucede hacia el final de la guerra.

Briseida no era sobrina de Príamo
Briseida fue la mujer por quien Aquiles ardió en cólera al inicio de La Ilíada: los griegos sufrían una peste que diezmaba sus tropas; Agamenón consultó con Calcas y éste determinó que el Rey de Hombres debía renunciar a su concubina, Criseida, para apaciguar a Apolo y que así el dios los librara de la enfermedad. A modo de consuelo, el Atrida tomó para sí a Briseida, quien había sido raptada por Aquiles como trofeo; esto ofendió tanto al Pelida que éste se rehusó a participar en la guerra hasta la muerte de Patroclo, decisión que probó ser, como bien señala Homero, funesta para la causa de los aqueos. Si bien el argumento de Troy respeta este evento, esta encarnación de Briseida (Rose Byrne) está emparentada con la familia real de Troya y, de hecho, es una virgen al servicio de Apolo cuando su contraparte mitológica estaba casada con Mines, rey de Linerso.

Héctor no mató a Áyax
En La Ilíada, Áyax Telamonio y Héctor se baten dos ocasiones en combate singular; en su primer encuentro los dos pelean el día entero sin que haya un vencedor, se declara un empate y ambos intercambian obsequios; Héctor se alza como el ganador del segundo enfrentamiento pero no consigue matar a Áyax, quien se retira al percatarse que no podrá vencer. La muerte del rey de Salamina llegará mucho más tarde, de manera harto dramática. En la película, Héctor (Bana) hiere de muerte a Áyax durante su primer combate. ¡Ah! Y aquello de que Áyax blandiera un martillo como arma raya en lo absurdo.


Héctor no mató a Menelao
Durante los eventos de La Ilíada, Paris desafió a Menelao a un duelo cuyo vencedor se quedaría con Helena y todas las riquezas del otro. El rey de Esparta estuvo a punto de dar muerte al príncipe troyano, pero éste fue rescatado por Afrodita. En la cinta vemos un combate similar, con la diferencia de que allí es Héctor y no la diosa quien salva a Paris y, de paso, asesina a Menelao. De hecho, el joven Atrida fue uno de los pocos héroes griegos que sobrevivieron a la Guerra de Troya y a los peligros que les esperaban en el camino de vuelta a casa.

¿Y Diomedes?
Uno de los pasajes más espectaculares de La Ilíada es la principalía de Diomedes, futuro rey de Argos, a quien el texto homérico presenta como uno de los guerreros más bravos, prácticamente a la par de Aquiles. En la quinta rapsoda del poema, el héroe enfrenta por su cuenta a los troyanos y no solamente da muerte al arquero Pándaro, sino que por poco toma también la vida de Eneas y consigue herir a Afrodita. El guión de Troy le ignora por completo.


¿Patroclo inexperto?
En su encarnación fílmica, Patroclo (Garrett Hedlund) es un muchacho ansioso por luchar junto a Aquiles y los mirmidones muy a pesar de su obvia inexperiencia, la cual le cuesta la vida a manos de Héctor. En el relato homérico, Patroclo es un guerrero capaz que incluso da muerte a Sarpedón, hijo de Zeus.

La muerte de Patroclo
Tanto en La Ilíada como en Troy, Patroclo se retira de la guerra como resultado de la cólera de Aquiles, y más tarde regresa al frente de los mirmidones, vistiendo la armadura de su amigo querido, para repeler a los troyanos que amenazan con prender fuego a las naves griegas. Durante esta valerosa incursión, Patroclo encara a Héctor y es muerto por él, situación que orilla a Aquiles a regresar al combate para vengarlo. Hay, sin embargo, una notoria discrepancia entre el texto y la película, y es que en ésta Patroclo toma las armas de Aquiles a escondidas y se hace pasar por él para guiar a los mirmidones y elevar la moral de la tropa antes de su fatídico final, mientras que en aquél es el propio Aquiles quien le da permiso de llevar a cabo el acto que le traerá la muerte. Además, el deceso de Patroclo no cesa las hostilidades, pues no solamente Héctor lo despoja de la armadura del Pelida, sino que los griegos deben luchar encarnizadamente para defender su cadáver y llevarlo de vuelta al campamento.

El combate de Héctor y Aquiles
Quizá el punto cúspide tanto de La Ilíada como de Troy sea el enfrentamiento entre Héctor y Aquiles, sin embargo, éste transcurre de manera muy distinta en ambos materiales: mientras que en la película los dos pelean en combate singular luego que Aquiles se plantara frente a Troya para retarlo, en el poema de Homero esta pelea se suscita en medio de un choque entre griegos y troyanos. Apolo retira a Héctor del peligro, pero Aquiles le da alcance y lo persigue alrededor de la muralla hasta que Afrodita intercepta al príncipe troyano disfrazada como su hermano Deífobo y lo distrae lo suficiente para que el Pelida lo atrape y le dé muerte. Posteriormente, Príamo se aventura hasta la tienda de Aquiles para suplicar le devuelva el cadáver de su hijo, justo como vemos en la película, y con ello concluyen la cólera del hijo de Peleo y el texto de La Ilíada.


Entre La Ilíada y el caballo de Troya
El texto y la película difieren notablemente en lo acontecido tras el rescate del cadáver de Héctor: mientras que en ésta Odiseo sugiere que los griegos se infiltren a Troya en el interior de un caballo de madera fabricado a manera de tributo, en aquél ocurren muchísimas cosas más, como la intervención de los etíopes y las amazonas, las muertes de Aquiles y Áyax, la llegada de Neoptólemo y Filoctetes, y la muerte de Paris. En Troy, prácticamente todo esto fue omitido y tanto Aquiles como Paris aún viven cuando los griegos llevan a cabo el asedio final de Ilión.

El caballo de Troya
Uno de los principales motivos del ciclo troyano es el triunfo del intelecto sobre la fuerza bruta. Cada bando tenía de su lado a uno de los dioses de la guerra: los troyanos a Ares, quien representaba el aspecto violento y sanguinario del combate, y los griegos a Atenea, quien simbolizaba la estrategia y la prudencia. Según algunas fuentes, fue precisamente la diosa quien hizo ver a los aqueos que no conseguirían tomar la ciudad por la fuerza, sino usando la cabeza, y así se urdió el plan del caballo de madera. La película omite a dos personajes cruciales en este mito: Casandra y Laocoonte, dos videntes que advirtieron del peligro que encerraba el presunto tributo de los griegos pero a quienes nadie creyó; en su lugar, es Paris quien pide a Príamo, sin resultado, que le prenda fuego antes que introducirlo a Troya.


Agamenón no mató a Príamo
En la película, Agamenón asesina a Príamo durante la invasión de la ciudad; en realidad, Príamo fue muerto por Neoptólemo, hijo de Aquiles.

Briseida no mató a Agamenón
Hacia el final de Troy, Briseida ataca a Agamenón luego que éste asesinara a Príamo y consigue acuchillarlo justo antes que él la estrangule. Error: Agamenón sobrevivió a la guerra y luego de algunas aventuras en el Mediterráneo regresó a Micenas, donde encontraría la muerte a manos de su propia esposa, Clitemnestra, y su amante, Egisto, dando inicio a la Orestíada.

Paris no sobrevivió a la guerra
En el ciclo épico, Paris mató a Aquiles con sus flechas y poco después murió a merced del arco de Filoctetes, antes de la creación del caballo de Troya, de modo que no pudo hacer nada de lo que le atribuye Troy tras la muerte de Héctor.

Helena no escapó de Troya
En la película, Helena, Andrómaca y Paris organizan el escape de los troyanos durante el ataque de los griegos y las dos mujeres parten de la ciudad con un grupo de sobrevivientes mientras Paris se queda atrás para rescatar a Briseida y enfrentar a Aquiles. Esto no ocurre así en el ciclo épico y, de hecho, es bastante más complicado: tras la muerte de Paris, Helena fue entregada como esposa a Deífobo, hijo de Príamo, quien fue muerto por Menelao durante la invasión y así pudo éste, por fin, reclamar de vuelta a su mujer. ¡El objetivo de la guerra se había cumplido! Helena y Menelao sobrevivieron a los regresos y, durante los eventos de La Odisea, descubrimos que reinaban de nuevo en Esparta.

Eneas
Hacia el final de la película, cuando Paris lleva a Andrómaca y Helena al túnel que las sacará de la ciudad, entrega la “espada de Troya” a un muchacho que también iba de escapada llamado Eneas y le confía a su cuñada, a su amada, y el futuro de su pueblo. Eneas no es ningún personaje incidental en el ciclo épico: era hijo de Anquises y de Afrodita, sobrino de Príamo y primo de Héctor y Paris. Como uno de los principales héroes troyanos, enfrentó a Diomedes y Aquiles. Cuando los griegos entraron a la ciudad en el caballo de madera, su madre le advirtió del peligro y él huyó acompañado por su padre, su hijo Ascanio y otros notables, llevando consigo las reliquias de Troya. Sus aventuras posteriores lo llevarían a la península itálica, en donde sus descendientes, Rómulo y Remo, fundarían Roma. Virgilio plasmó esta leyenda en la Eneida.


Los regresos
El ciclo épico no termina con la caída de Troya, como sugiere la película: en realidad la conquista de la ciudad no significó un final feliz para los héroes griegos, pues numerosos peligros les aguardaban en el camino de regreso a sus patrias; muchos de aquellos que eludieron a la muerte en Ilión la encontraron en el Mediterráneo. La travesía más famosa fue la de Odiseo, rey de Ítaca, relatada por Homero en La Odisea, la cual abarca nada menos que diez años. Con todo, no es el capítulo final, pues la historia de Odiseo y de todo el meollo troyano llega a su conclusión en la Telegonía.
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