Microrrelatos

Escrito de Tuzo Pillo publicado el lunes, 14 de marzo de 2016 | 01:00

Sesenta minutos

Tras impartir la clase, el profesor corrió al baño; Nicole había traído la faldita putona de los viernes y el hombre, después de sesenta minutos de insufrible duración, necesitaba desahogarse.


Colarse

Andrea, la morena de los ojos grises, cogió su mochila y, cual gata de callejón, se dirigió a la puerta. El maestro la miró con hastío: «Vete, no te pondré falta».

Alma española

Luna se esforzaba por enfatizar las zetas y las ces a la manera ibérica, ignoraba que su profesor no solo era hispanista sino español en el alma.


La flaca del 505

La flaca del 505 lo trataba con un cariño que frisaba con la admiración, lo deseaba en un mutismo equivalente al que él le profesaba a ella.

Relaciones laborales

Al saludar a su colega la sangre le llenaba todos los resquicios del bajo vientre, por eso para hacerlo nunca o casi nunca se ponía de pie; la última vez el escritorio le había hecho constatar que el amor no correspondido era más duro de lo que parecía.

Superación

Valeria sorprendió a sus compañeros al aprobar la materia de literatura, de no escribir bien ni su nombre pasó a sacar las notas más altas en exámenes y ensayos, rápidamente se convirtió en una leyenda de perseverancia y éxito. Lo que, para bien de su nueva reputación, nadie notó es que sus calificaciones comenzaron a mejorar cuando empezó a abandonar el aula de asesorías con las pantaletas cuidadosamente dobladas y guardadas junto con los libros del curso.


Negociación

El profesor ß…Ç era un hombre razonable, acercarse a negociar las calificaciones con él no sería sino un mero ejercicio de diplomacia. Por fortuna para la madre de Isabella, ya había pasado Pascua y el maestro, creyente devotísimo, después de cuarenta días de abstinencia (con sus noches) era material dispuesto para negociar hasta las notas del curso siguiente.

La modelo

Valentina había heredado la sonrisa de su padre y la helénica silueta de su madre, por lo que la petición del maestro de dibujo de posar para el ejercicio de esa tarde le pareció en orden y hasta se le antojó un halago. Le hubiera gustado, no obstante, que aquello se hubiera realizado en el aula-taller de la universidad o, de ser esto imposible dadas las circunstancias, que el docente hubiera tenido la delicadeza de advertirle que la mafia cajamarquina lo estaba extorsionando para que les consiguiera material para sus burdeles.


La revisión

Después de leer sus últimos textos se preguntó si su obsesión con el sexo habría alcanzado ya un grado de perversidad tal que la atención clínica fuese imperativa, luego levantó la vista, como para meditar sobre semejante posibilidad; Jessica, Diana y Cristina, ataviadas cada una con la ropa deportiva más ceñida que había en sus armarios, se contoneaban a escasos metros de donde él se encontraba. Con un suspiro de resignación se dijo que el castigo de los buenos profesores es tener alumnas así de culeables y no poder tocarles ni un vello púbico.

Preocupaciones elementales

Cuando supo que su esposa regresaría a casa después de concluido el último curso del posgrado, creyó conveniente recibirla con flores y champaña. Lo que le preocupaba, empero, era que Susana, del grupo 23SDR de la Universidad Autónoma, lo estuviese esperando, como todos los fines de semana de los últimos meses, a la entrada del condominio y pensara, ante la exquisitez de los regalos, que finalmente le pediría matrimonio.

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+ comentarios + 3 comentarios

15 de marzo de 2016, 03:27

¡Comparto! Para sufrimiento de otros...

15 de marzo de 2016, 03:27

¡Comparto! Para sufrimiento de otros...

15 de marzo de 2016, 10:27

@José Juan Picos Freire ¡Gracias, estimado José Juan! Recibe un fuerte abrazo; ojalá te hayan sacado algunas carcajadas.

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