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Einstein: marido ejemplar

Escrito de E.J. Valdés publicado el miércoles, 24 de febrero de 2016 | 00:00

Podemos llamar a Albert Einstein una de las mentes más brillantes que ha tenido la humanidad siempre y cuando no nos fijemos en su vida personal. El hombre que era una luminaria en el ámbito científico no lo era tanto dentro de su propio hogar, y hacia 1914 su matrimonio con Mileva Marić estaba sumamente deteriorado. Para entonces él ya sostenía un romance extramarital con su prima, Elsa Löwenthal, y en cartas escritas a su amor juvenil, Marie Winteler, expresaba lo infeliz que se sentía junto a Mileva. 


La convivencia era intolerable y la ruptura inminente. Sin embargo, Einstein pensó en lo que la separación significaría para sus hijos, Hans y Eduard, de diez y cuatro años respectivamente, y propuso a su aún esposa que permanecieran juntos por el bien de ellos. Sin embargo, eso solamente era posible con una condición: el ingenioso Einstein escribió una lista de reglas que Mileva debía obedecer al pie de la letra para que ella no interfiriera en su trabajo y así se evitaran poblemas.

A continuación les presento una traducción del reglamento que Einstein escribió para Mileva, tal como aparece en el libro Einstein: su vida y su universo, de Walter Isaacson.

CONDICIONES

A. Te asegurarás de que:
  1. Toda mi ropa y blancos estén ordenados.
  2. Reciba mis tres comidas con regularidad en mi habitación.
  3. Mi habitación y mi estudio estén limpios y, sobre todo, de que mi escritorio esté a mi sola disposición.

B. Renunciarás a toda relación personal conmigo siempre y cuando ésta no sea estrictamente necesaria por motivos sociales. Específicamente renunciarás a:
  1. Que me siente en casa contigo.
  2. Que salga o viaje contigo.

C. Obedecerás los siguientes puntos en tus interacciones conmigo:
  1. No esperarás intimidad alguna de mí, ni me reprocharás de manera alguna.
  2. Dejarás de hablarme si lo solicito.
  3. Abandonarás mi habitación o mi estudio de inmediato, sin protestar, si lo pido.

D. Te acomedirás a no desestimarme frente a nuestros hijos, ya sea mediante palabras o comportamiento.


Por increíble que parezca, Mileva estuvo de acuerdo y trató de acatar estas reglas durante un par de meses, pero cuando se dio cuenta que eso en nada mejoró las cosas, abandonó a Einstein en Berlín y se marchó con los niños a Zurich. Tras divorciarse en 1919, Einstein se casó con su prima Elsa y vivió bastante más feliz. Por su parte, Mileva no volvió a casarse y dedicó el resto de su vida a cuidar de su hijo Eduard, quien padecía esquizofrenia.

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