Colaboración especial. Texto de Kevin Daniel Moreno
Don Heisenberg cocinaba
algunos dulces azules.
La Calaca lo miraba
y preparó sus baúles.
La muerte traía ganas
de probar aquella cosa,
pero ahí no había nada
y se puso revoltosa.
¡Pobre Heisenberg! Ha muerto
porque la Huesuda se enojó,
y por ver todo desierto
con entusiasmo lo ahogó.
La Calaca probó meta
vendida por Jesse Pinkman;
ella quedó fascinada,
por esa razón lo admiran.
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