Brando 1973

Escrito de E.J. Valdés publicado el martes, 10 de noviembre de 2015 | 00:00

El papel más recordado de Marlon Brando es el de Vito Corleone en El Padrino, de eso no cabe duda. Pero lo que no todo mundo sabe es que Marlon Brando también era activista por los derechos humanos y civiles de afroamericanos y nativos americanos, cuestión que lo llevó a rechazar en 1973 el Academy Award que esta interpretación le ganó como mejor actor —el segundo en su carrera—. De hecho, él ni siquiera estuvo presente en la ceremonia: cuando Liv Ullmann y Roger Moore le anunciaron como el ganador, en su lugar subió al escenario una mujer llamada Sacheen Littlefeather, quien se negó a recibir la estatuilla, se presentó como una apache y presidenta del Comité Nacional para la Imagen Afirmativa de los Nativos Americanos y explicó, entre abucheos y aplausos, que Brando declinaba el premio como protesta por el trato que los indios americanos (ése fue él término que ella empleó) recibían por parte de la industria cinematográfica, haciendo alusión también al incidente de Wounded Knee en febrero de ese mismo año, un conflicto en el cual autoridades federales sitiaron a miembros del American Indian Movement y otros activistas en el pueblo del mismo nombre. Posteriormente, tras bambalinas, Littlefeather compartió con la prensa un discurso que Brando había escrito para la ocasión pero que no pudo leerse en cadena nacional por cuestiones de tiempo y porque la producción había amenazado a Littlefeather con retirarla del escenario si permanecía allí más de un minuto. Una tarea a la que quiero enfocarme como escritor, además de producir libros llenos de pequeñas ficciones, es la preservación y difusión de textos de difícil acceso. Y aunque hay muchos sitios que rememoran el boicot de Brando a los Academy Awards en 1973 es un tanto más difícil encontrar el texto del discurso que él proporcionó a Sacheen Littlefeather; el New York Times lo publicó varios días después de la ceremonia, y su página web es la única en la que hallé una transcripción del mismo. Pero, puesto que se trata de un texto en inglés, además de guardarlo entre mis PDF’s me di a la tarea de traducirlo lo mejor que pude a nuestra vieja y confiable lengua española para que más gente tenga acceso a él. Se los comparto aquí, esperando que el NYT no me demande y advirtiendo que “las opiniones aquí vertidas son las del autor y no necesariamente reflejan las del traductor y sus filiales”.


Beverly Hills, California. Por doscientos años le hemos dicho a los indios que luchan por su tierra, su vida, sus familias y su derecho a la libertad: “bajen sus armas, amigos, y seguiremos juntos. Solamente si bajan sus armas, amigos, podemos hablar de paz y llegar a un acuerdo que sea benéfico para ustedes”.
Cuando bajaron sus armas los asesinamos. Les mentimos. Los sacamos a engaños de sus tierras. Los matamos de hambre para que firmaran acuerdos fraudulentos que llamamos tratados y nunca cumplimos. Los convertimos en mendigos en un continente que ha sustentado la vida desde que la vida tiene memoria. Y bajo cualquier interpretación de la historia, por retorcida que ésta sea, obramos mal. No fuimos rectos ni justos en lo que hicimos. Para ellos, no tenemos que reponer nada a esta gente, no tenemos que cumplir con acuerdo alguno, pues nos es concedido por virtud de nuestro poder atacar los derechos de otros, tomar su propiedad, tomar sus vidas cuando intentan defender su tierra y su libertad y hacer de sus virtudes un crimen y virtudes de nuestros vicios.
Pero hay algo que está más allá del alcance de esta perversidad, y ello es el tremendo veredicto de la historia. Y la historia ciertamente nos juzgará. Pero, ¿nos importa? ¿Qué clase de esquizofrenia moral es la que nos permite gritar al tope de nuestra voz, para que todo el mundo escuche, que vivimos de acuerdo a nuestros compromisos cuando cada página de historia, cuando todos los sedientos, hambrientos, y humillantes días y noches de los últimos cien años en las vidas de los indios americanos contradicen esa voz?
Pareciera que el respeto por los principios y el amor al prójimo se ha tornado disfuncional en este país nuestro, y que todo lo que hemos hecho, todo lo que hemos logrado con nuestro poder, ha sido aniquilar la esperanza de las naciones emergentes de este mundo, tanto amigas como enemigas, y demostrar que no somos humanos, que no cumplimos con nuestros acuerdos.


Tal vez en este momento se estén preguntando qué demonios tiene que ver esto con los Academy Awards. ¿Por qué está esa mujer parada allí, arruinando nuestra velada, invadiendo nuestras vidas con cosas que no nos conciernen, que no nos importan? Desperdiciando nuestro dinero e introduciéndose en nuestros hogares.
Creo que la respuesta a esas preguntas calladas es que la comunidad cinematográfica ha sido tan responsable como cualquier otra en la denigración de los indios, haciendo burla de sus personas, describiéndoles como salvajes, hostiles y malvados. Ya es bastante difícil para los niños crecer en este mundo. Cuando los niños indios miran la televisión, cuando ven películas, y cuando ven la manera en que su gente es mostrada en ellas, sus mentes son heridas de maneras que nunca sabremos.
Recientemente se han dado algunos tambaleantes pasos para enmendar esta situación, pero demasiado tambaleantes y bastante pocos, así que yo, como miembro en esta profesión, siento que como ciudadano de los Estados Unidos no puedo aceptar un premio esta noche. Creo que es inapropiado entregar o recibir premios en este país hasta que las condiciones de los indios americanos cambien drásticamente. Si no somos los guardianes de nuestros hermanos, cuando menos no seamos sus verdugos.
Habría venido a hablar directamente con ustedes esta noche, pero sentí que, quizá, sería más útil yendo a Wounded Knee y ayudar como pueda a prevenir una paz que sería deshonrosa mientras los ríos fluyan y el pasto crezca.
Desearía que aquellos escuchando no vieran esto como una grosera intromisión, sino como un esfuerzo honesto por enfocar nuestra atención en un problema que bien podría determinar si este país tiene o no el derecho de decir que, de este punto en adelante, cree en los derechos inalienables de todas las personas a la libertad en tierras que han provisto sus vidas más allá del alcance de la memoria.
Gracias por su amabilidad y cortesía con la señorita Littlefeather. Gracias y buenas noches.
Marlon Brando
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