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Star-Lord en la isla de los dinosaurios

Escrito de E.J. Valdés publicado el martes, 16 de junio de 2015 | 10:00

Para bien o para mal, Jurassic World es la pesadilla de John Hammond hecha realidad.

La cuarta entrega de Jurassic Park, serie inspirada muy ligeramente en la novela homónima de Michael Crichton, es dirigida por Colin Trevorrow y producida por Steven Spielberg, quien jugó el mismo papel en JP3, y desde aquí pueden tener un “bad feeling about this”. El elenco viene encabezado por Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Vincent D’Onofrio, Nick Robinson, B.D. Wong, Irrfan Khan y Ty Simpkins, a quien quizá recuerden como el niño de Iron Man 3 al que Tony Stark dijo que llegaría muy lejos. Quizá a estas alturas ya haya cambiado de opinión.

Veintidós años después de la tragedia de Jurassic Park y sus igual de trágicas secuelas, el parque está abierto: InGen finalmente ha echado a andar el proyecto de la Isla Nublar bajo el nombre de Jurassic World y, tal como el difunto John Hammond augurara, se ha convertido en una atracción sin precedente: decenas de miles de turistas viajan de todo el mundo para ver el show del mosasaurus, para presenciar cómo se alimenta el tiranosaurio y, ¿por qué no?, hasta subir a los niños al lomo de un triceratops bebé. Sin embargo, el tiempo ha quitado el encanto a estos viejos y “confiables” dinosaurios y los inversionistas, preocupados por una caída en el número de visitantes, deciden crear en los laboratorios al Indominus Rex, un depredador híbrido más grande y feroz que el tiranosaurio, para dar un empujón al parque… Un empujón un poquito pasado de fuerza. En el preámbulo del caos, Zach (Robinson) y Gray Mitchell (Simpkins) llegan de vacaciones a la Isla Nublar, invitados por su tía, Claire (Howard), la gerente de operaciones de Jurassic World y, de cierta manera, supervisora del nuevo dinosaurio. Simon Masrani (Khan), el nuevo dueño del parque, se muestra fascinado por la creación de sus científicos, pero al mismo tiempo le preocupa que ésta pueda vulnerar su confinamiento y obliterar su multimillonaria inversión, de modo que asigna a Owen Grady (Pratt), ex marino y domador de velociraptores, para que se cerciore de que el enorme (y desconocido) inquilino de la isla no escape y desate una masacre. Y eso es exactamente lo que sucede y nos lleva a concluir que nadie aprendió la lección de las películas anteriores y que InGen es ahora una corporación malévola con peores intenciones que las de Dennis Nedry.


Hasta aquí todo pinta bonito, ¿no es cierto? Bien, si no han visto Jurassic World y en verdad tienen deseos de hacerlo aquí es donde toman la píldora azul, dejan de leer y van al cine como harían cualquier otro día.


Hablo en serio.


Última oportunidad…



Vale, si ya fueron a verla o de plano ni se les antoja pasen conmigo al siguiente párrafo…

Déjenme decirles una cosa: de verdad me entusiasmaba esta película. Los avances me enamoraron: el parque operando, rebosante de visitantes, seguro y bajo control como debía ser desde un principio; un dinosaurio acuático dando un show como el de Keiko; Star-Lord abriéndose paso por la jungla sobre una motocicleta, acompañado por un cuarteto de velociraptores; Bryce Dallas Howard, esa chica guapísima cuya carrera fue destruida por M. Night Shyamalan y Spider-Man 3; ¡hasta tenían al niño de Iron Man 3! Lo admito sin vergüenza: ésta fue la entrega de Jurassic Park que más me emocionó desde el estreno de la original en 1993, tanto así que compré con antelación mi boleto para verla en cuanto estuviera en el cine y me abstuve de ver o leer cualquier reseña o comentario porque quería que la experiencia fuera lo más legítima posible. Solamente he hecho igual con The Dark Knight Rises y Avengers: Age of Ultron. ¿Y valió la pena? No. Odio decirlo, porque en verdad quería disfrutarla, pero Jurassic World me decepcionó terriblemente; se quedó muy, pero muy corta. Este largometraje no hace sino replicar la fórmula del primer Jurassic Park: dos niños y dos adultos corriendo por un parque lleno de dinosaurios salvajes fuera de control, un científico que sólo habla de caos y de lo mal que terminan las cosas cuando se juega con la naturaleza, el dueño del parque queriendo tapar el desastre con un dedo, un genetista de pinta asiática, un empleado descontento y ambicioso con una agenda personal, el negro de relleno que nunca puede faltar, dinosaurios herbívoros que no presentan amenaza alguna, seguidos por velociraptores y tiranosaurios que matan todo a su paso, y hasta el jodido dilophosaurus que mató a Dennis Nedry está de regreso. Demos gracias que, por lo menos, no colaron a una niña gimnasta o a un niño sabelotodo obsesionado con los dinosaurios que… Momento: ¡ése sí lo hay! Y no olvidemos a los raptores parlanchines de Jurassic Park 3 y la batalla del tiranosaurio con otro carnívoro más amenazador; ¡por un momento creí que dejarían fuera estos brillantísimos elementos!


Tras verla me he dado cuenta que todo lo espectacular que tenía esta película lo mostraron en los avances, y para colmo todo ello fue efímero: el tráiler mostró el 30 % del tiempo del mosasaurus en pantalla, apenas se nos muestran por encima Jurassic World y sus atracciones, y los raptores amaestrados resultan no estar tan amaestrados. Y la genial y comentadísima escena de Chris Pratt y su raptor bike gang: qué arranque tan genial y qué conclusión tan anticlimática; sin duda es de las peores decepciones de la película, que en general está saturada de momentos que escurren queso (como el “romance” entre Owen y Claire) y situaciones inverosímiles como que los más de veintidós mil visitantes del parque puedan guarecerse en el Visitor Center, un par de guardias que prefieren hacer una broma antes que ayudar a dos niños que piden ayuda o que Bryce Dallas Howard se la pase corriendo por toda la isla en falda y tacones, aprenda a utilizar un rifle de dardos con solo levantarlo, e incluso le gane una carrera a un tiranosaurio cuando en la primer película apenas y pudieron huir de él a bordo de un jeep. Y los pterodáctilos: Jurassic Park 3 nos enseñó que son las criaturas voladoras más malignas y peligrosas que han vivido sobre el planeta, ¿entonces por qué seguirles criando y, por si fuera poco, criar tantos? Ya lo dice el refrán: “cría pteranodones y te sacarán los ojos”. En cuanto al resto de los carnívoros, ¿no murieron suficientes personas en las tres aventuras anteriores a causa de los raptores y tiranosaurios? ¿De verdad esperaban que en esta ocasión fuera distinto? ¿Creyeron que estos dinosaurios tan voraces pensarían: “oh, vaya, el nuevo dueño del parque es un estereotípico millonario de la India, portémonos bien”? Y qué decir del Indominus Rex, ese dinosaurio adolescente mutante con súper poderes que reúne lo peor de los peores habitantes de la isla y no tiene mayor motivación que ser malvado: la criatura no es sino toneladas de maldad pura con colmillos afilados. ¡Oh! Y lo olvidaba: ¡también habla! Qué mala suerte que esta vez a nadie se le ocurrió llamar a la doctora Ellie Sattler para que enviase al ejército y la marina a salvar el día. Por si fuera poco, los personajes de Zach y Gray son tan irrelevantes que el final prefiere hacerlos a un lado para un último acercamiento al héroe de la película, y del sub-plot de sus padres mejor ni hablamos.


Pienso que Jurassic World era un título con muchísimo potencial que no supo escapar de los demonios que arruinaron la primer y segunda secuelas. Steven Spielberg tuvo la oportunidad de enderezar la franquicia como hizo Bryan Singer con X-Men: Days of Future Past, pero en su lugar se cruzó de brazos y nos dio otra historia pobrísima que generará millones de dólares y seguro producirá una o dos secuelas más.

A pesar de todo esto, puedo señalar algunas cosas que me agradaron mucho de Jurassic World. Comienzo con la actuación de Chris Pratt: su personaje es el único por el cual, como espectador, puedo sentir empatía y, francamente, me hubiese gustado verlo en una película mejor escrita y mejor dirigida. La escena de la raptor bike gang es sin duda la más espectacular y memorable de las dos horas, tanto que deberían contratarlos para la secuela de Guardians of the Galaxy. Considero que Pratt tiene futuro como estrella de acción; ojalá sepa meterse a los proyectos adecuados. Los easter-eggs y las referencias al parque original también se agradecen desde el fondo de mi corazón de fanboy, aunque me hubiese gustado más que aprovecharan estos elementos para reflexionar sobre los errores que repitieron y no como meros adornos en una cinta de monstruos. Lo que sí aplaudo es la explicación que ofrecen a una de las principales críticas de la ciencia respecto a los dinosaurios que se nos muestran, desprovistos de plumas; lástima que sea un dato inútil en medio de un montón de datos inútiles. También fue lindo volver a ver a Bryce Dallas Howard en un largometraje de alto presupuesto; lástima que éste no va a relanzar su carrera.


Chris Stuckmann acuñó el término “phantom menacing” para referirse a esas películas que uno aguarda con altas expectativas y desea sean fantásticas; ésas que uno quiere disfrutar pero que después de verlas lo dejan a uno en un estado de negación hasta que, eventualmente, acepta que no fueron lo que esperaba. Bien, debo decirles que Jurassic World me “phantom menaceó”.
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