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A vuelta con el cansancio de los mexicanos. Puntos V a VIII que desvelan la falacia

Escrito de Tuzo Pillo publicado el martes, 2 de junio de 2015 | 21:28

Es el momento de continuar con nuestra oprobiosa (por verídica) lista de desenmascaramientos, nada menos que dos días antes de que todo texto alusivo a la política sea implacablemente enmudecido por la veda electoral. Pues vamos al tema:

5. Apoyarían a los partidos que ahora son menores porque se interesarían genuinamente en sus proyectos y verían la manera de materializarlos

Es un hecho que el panorama político de México se ha visto protagonizado principalmente por el PRI, y peleándose el puesto de segundones, el PAN y el PRD, no obstante la verdad es que existen muchísimos micro partidos que, al menos en teoría, aspiran a resolver la problemática del país con nuevas perspectivas y propuestas que no aparecen nunca en las promesas de los tres gigantes. Si tan cansados estuvieran los mexicanos de su situación, resulta obvio que estos pequeños recibirían mayor atención y no serían unas lacras que sobreviven de impuestos y del voto de algunos incautos idealistas que, genuinamente hartos de las opciones de siempre, les dan su voto con alguna guajira esperanza (quizá solamente con la idea de permitirles conservar el registro).

Cabe destacar que no todo partido pequeño o recién formado es necesariamente bueno. Pocos simpatizantes tienen el Verde o el PT, son infinitamente pequeños en comparación con los tres gigantes y, sin embargo, están llenos hasta el tope de podredumbre. De los dos ejemplificados solamente el PT tiene proyectos, lástima que sean un manojo de idioteces gestadas desde el cáncer de izquierda que tantos males busca provocar en el país, sin embargo es un avance: hay algo sobre lo que se puede reflexionar y, en este caso, sobre lo que se puede uno cagar a gusto.

Otros partidos tienen propuestas interesantes y viables, además de contar con un programa más o menos definido, en caso de alcanzar la esfera del poder, no obstante los ciudadanos parecen haberse olvidado de la importancia del proyecto de gobierno, lo que nos lleva al punto siguiente.

6. Sabrían que la democracia se basa eminentemente en proyectos viables para funcionar

Como decíamos arriba, pareciera que los ciudadanos se han olvidado de la importancia del proyecto de gobierno en el desarrollo de la democracia, y digo que «parece» porque lo más seguro es que no lo olvidan, sino que de plano ignoran que este elemento es fundamental para la buena aplicación de la democracia. Gobernar, como preparar una cena de Navidad, no puede hacerse atolondradamente, requiere una serie de estrategias y conocimientos que no nos son dados por default, aquí no aplican las inspiraciones místicas. ¿Por qué los gobiernos revolucionarios fracasaron rotundamente en su constante búsqueda por instaurar en México un régimen de paz, prosperidad, cohesión y otras tantas características asaz positivas y bonitas? Es claro que por la ausencia de una proyección que fuese la columna vertebral de esos ideales tan del agrado del pueblo rebelde y librepensador de nuestros días.

Cuando Calderón hacía su campaña para contender en 2006, muchos ciudadanos se dieron cuenta de que era el único candidato con un conjunto de propuestas viables y bastante prometedoras, ganó porque a pesar de no haber sido una figura visible durante los últimos años del gobierno de Fox, fue capaz de comunicar la solidez de una visión coherente con la idea que los mexicanos nos habíamos hecho de lo que sería continuar por una vía marcada por alternancia y fidedignidad política. Aunque al final de su período presidencial, Calderón no terminó siendo demasiado popular, la falta de un proyecto legítimo se resintió fuertemente al primer año de gobierno de su sucesor, Peña Nieto. La carencia de una verdadera estrategia, no propagandística, sino administrativa es la que ha causado un fuerte declive en la aceptación del PRI como opción para las diputaciones y alcaldías y, sin embargo, muchos van a votar por el partido nuevamente. Aquí la falta no es de los políticos, sino de los ciudadanos que no exigen ni proponen proyectos que les beneficien. La situación es insostenible por lo que la propia ciudadanía está dejando de hacer.

7. Se involucrarían en el quehacer político y administrativo de sus ciudades y municipios con frecuencia y sin excusas que solapan la falta de interés en todo lo que exija participación activa responsable

En la primera parte de estos puntos nos preguntábamos cómo se resolverían las grandes deficiencias que buen número de ciudadanos tienen que enfrentar en su día a día. A partir de este punto y hasta el décimo, en la entrada siguiente, se critican las cosas que no se hacen y que ayudarían en buena medida a zanjar esas situaciones límite que nos impiden avanzar parejos como país.

En definitiva, una vez que se comprenda la importancia de contar con una estratagema administrativa con la que el gobierno se lleve a cabo de manera óptima para todos, lo que sigue es ponerla en práctica, pero, ¿quién debe hacerlo? Por supuesto que los políticos regentes tienen la obligación de ponerla en marcha, pero en el sistema en que vivimos ellos no son los únicos encargados de velar porque se cumpla. El corazón de toda democracia es su pueblo (aquellos que legalmente son considerados dicho pueblo, por ello en Grecia el desmadre iba por derroteros más exclusivistas), sin la participación de éste la democracia se convierte en un perverso y execrable país latinoamericano.

Corresponde a la ciudadanía inmiscuirse en los asuntos políticos y participar en la vigilancia, el cumplimiento y la cancelación o continuación de los proyectos que buscan ejecutarse para mejorar la vida de todos. ¿Cómo puede hacerse esto? Pues aquí someramente se puede decir que por medio de reuniones municipales, recurriendo al diputado local y promoviendo iniciativas civiles que busquen tener injerencia legal, efectiva y constante en estas materias, pero la respuesta mejor dada la tiene la Constitución, misma que es importante conocer para poder aplicar adecuadamente sus preceptos.

Los discursos de hoy nos pintan las leyes como un conjunto de restricciones opresivas y quieren ensalzar los derechos como las vías por medio de las cuales podemos hacer lo que nos venga en gana. La verdad es que las leyes están para garantizar nuestros derechos, pero también para establecer cuáles son nuestras obligaciones; de alguna manera el derecho no puede darse por sentado, hay que colaborar con los conciudadanos para poder implantarlo plenamente. ¿Cómo podremos hacerlo si estamos hasta el tope de apáticos que no desean mover un dedo para su beneficio personal? Es necesario modificar esa actitud, solamente así podremos asegurarnos de que el rumbo que toma el país es el que nos conviene. ¡Es nuestro país! ¡Los políticos son nuestros servidores! Pero es verdad que no podemos exigirles que nos lean las mentes y hagan lo que nos conviene por default, ¡nosotros tenemos que ponerlos a trabajar como nosotros queremos! A ver si lo entendemos un día…

8. Se darían cuenta de la importancia de la educación, promoverían un ejercicio docente en condiciones dignas y colaborarían con el desarrollo académico y profesional de los jóvenes

Es cierto que este punto bien puede dividirse en otros muchos, pero por cuestiones diversas, de momento lo dejaremos como una superficial revista de lo que ayudaría a cambiar al país y que los mexicanos sencillamente no hacen porque, es momento de recordarlo, están más cómodos que cansados con la precariedad de su situación actual.

La educación no solamente permite la obtención y generación de empleos mejor pagados, también permite ampliar el horizonte del ser humano y contribuye al alcance de su plenitud. Desafortunadamente, en México se cree que la educación es una de las tantas cosas que causan el atraso de la nación, porque programa a los futuros ciudadanos a ser sumisos y poco ambiciosos (como si sus contextos de mierda no fueran suficientes para hacer esto). La verdad es que el problema educativo en México no radica en la «programación» sino en la imposibilidad de abarcar a toda la población, además de las carencias en materia infraestructural y en las deficiencias en la formación de los docentes, porque hay que reconocer que éstos también tienen errores, a final de cuentas son seres humanos.

La reciente reforma educativa lo que ha hecho es sencillamente promover una explotación deshumanizada del docente, sin apoyarlo para cumplir su misión de instruir y edificar el intelecto de los jóvenes. Si a esto sumamos el casi nulo interés por parte de los padres de familia de involucrarse en la formación de sus hijos (hombre, por ahí hubiéramos empezado, no se involucran en las cosas de sus hijos, menos lo iban a hacer en la vida política del país), nos encontramos con una carestía educativa que no tiene precedentes.

Si dejamos de ver al niño como una criaturita mitológica que cumple deseos y está emparentado con los ángeles, nos daremos cuenta de que es un ser humano que no ha terminado de construirse ni biológica ni culturalmente, y para lo primero necesita contar con cierto ambiente y orientación y para lo segundo, ¡sorpresa! También. Es importante que la sociedad en su conjunte asegure y garantice la educación para los jóvenes, pero también para los no tan jóvenes; deben ampliarse las estructuras académicas y culturales (aulas, bibliotecas, galerías, teatros, casas de la cultura, jardines…), cuidarlos para que se cuente con espacios dignos para recibir instrucción, pero también hay que aliarse con los docentes para trabajar en conjunto por combatir el rezago educativo, disminuir las deserciones escolares y aumentar el grado de aprovechamiento de los estudiantes. Hay que dejar de lado el paradigma que solamente educa a los niños y extenderlo a los jóvenes, adultos y ancianos necesitados de instrucción formal. Se debe asimismo actualizar los métodos pedagógicos, no para abarcar más conocimiento en menos tiempo, sino afianzar los conocimientos básicos que permitan desarrollar las capacidades de análisis, retención, comprensión e investigación, de manera que la instrucción conforme la base y lo demás pueda ser adquirido por propia iniciativa. También aquí entra que es necesario garantizarle al docente una vida digna, un salario suficiente y que además corresponda a su formación (somos una sociedad capitalista, a final de cuentas, y hay que dar primacía al conocimiento).

El tema la verdad es complejo y las aristas del mismo son casi infinitas, pero por ahí va un poco la cosa. Ahora bien, ¿la educación cómo afectará al ámbito político? Ya hemos dicho que ayuda en buena medida a zanjar el problema de las deficiencias sociales del país, pero también permite que los ciudadanos ejerciten su inteligencia, misma que es necesaria para poder emitir un sufragio responsable, así como para proponer proyectos y vías de acción que lleven a México a su plenitud como nación moderna, democrática, libre y rica. Sin embargo, ¿qué tenemos? Un hato de bestias que odian la escuela, a los maestros y que no quieren hacer el mínimo para vivir en lugar de sobrevivir… ¿cuán cansados estamos realmente?

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