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Los motivos del copiloto o la innecesaria faramalla institucional de los transportistas aéreos

Escrito de Tuzo Pillo publicado el jueves, 16 de abril de 2015 | 18:05

Hace bien poco, ayer para ser preciso, he vuelto a Monterrey después de un largo y delicioso período vacacional junto a mi familia y, sin agraviar a nadie, amigos muy queridos de mi tierra natal. La verdad es que visitar el lugar de nacimiento es una actividad harto interesante, asaz placentera y la mar de memoriosa, es a la vez una máquina del tiempo y un escaparate de novedades. Sobre este hermoso período no tengo mucho que decir, salvo lo que ya he expresado, encareciendo lo bien que la he pasado con mis parientes y con amigos a quienes no tengo la oportunidad de ver tan seguido, aunque las nuevas tecnologías ayudan a zanjar un poco el abismo que inaugura el vivir en otra ciudad, tan alejada además. Lo que es incómodo como la reverenda chingada es que, si uno no quiere pasar la noche en un autobús que dé más volteretas que un acróbata chino, lo más lógico que es que se tenga que ir por avión. Aquí es cuando la gente empieza a asumir que le tengo miedo a las alturas o que me encuentro, de alguna forma, en desacuerdo con despegar los pies del suelo, aunque sea para reemplazar un foco fundido. Nada más lejos de la verdad. ¡Me encanta volar! ¡Amo volar! ¡Volar me fascina! Pero odio con toda el alma los filtros de seguridad del aeropuerto. Sencillamente creo que no hacen ningún bien a nadie, especialmente a los pasajeros.
     He de decir que, a diferencia de algunos allegados míos, yo conocí bastante tarde esto de la aviación. Mi primera experiencia, eso sí, fue de antología porque mi primer vuelo coincidió con mi primera salida del país. Era el año 2003, si no estoy muy equivocado, y me iba a estudiar a España (o lo que ahora algunos quieren llamar Cataluña). Todo fue nuevo, así que las quejas fueron menores y la mayoría de ellas vaciadas sobre los compañeros de viaje, sobre esto hablaré en alguna otra ocasión… a lo mejor. En fin, por entonces la paranoia del terrorismo parecía exclusiva de los gringos y las naciones europeas y México no estaban tan sumidos en la mierda como para dejarse sonsacar por las regulaciones anglosajonas, o eso es lo que yo pienso. El caso es que el filtro aeroportal no fue para nada incómodo y fin del cuento.

Avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, una tarde lluviosa, desde la sala de abordaje; fue mi primera visita a un aeropuerto.
     Ahora vuelo muchísimo más que antes. Lejos están los días en que era un ritual de lo más meticuloso el comprar los boletos. Volar ha dejado de ser una forma casi sacramental de desplazarme y se ha convertido en una de esas rutinarias actividades que están bien, se vuelven tediosas a ratos, pero a la postre no dejan de suponer uno de tantos momentos, si acaso agradables, irrelevantes que se acumulan conforme transcurren nuestros días. Esta excesiva exposición al fenómeno del viaje aéreo me ha ayudado a desarrollar ya no un ritual sino un método que me facilite el viaje. Ya no me visto como si fuera a salir con mi adorada musa, sino que me pongo lo más cómodo que puedo (y cuando voy a Europa, ni siquiera llevo zapatos, me voy en pantuflas y váyanse norabuena a freír espárragos), prescindo del cinturón, de las monedas y aún de las llaves, que coloco siempre en una mochila donde, además, vienen el teléfono y cualquier chunche que me suponga una incomodidad al momento de pasar por el detector puñetas. Esta vez, sin embargo, en el aeropuerto del D.F. se pusieron pendejos y querían que sacara la cámara fotográfica, el celular y el disco duro de las fundas. Lo hice de mala gana porque es sin duda una medida idiótica. ¿Qué daño le puedo causar a alguien con mi cámara? Pues mucho, si fuera un psicópata que golpea a la gente con sus aparatos eléctricos, pero entonces la seguridad no la garantiza el objeto, sino la salud mental del pasajero. Ese argumento pendejo (sí, ¡he escrito pendejo! ¡Pendejo! ¡Con todas sus letras! ¡Pen-de-jo!) de que no conoces las intenciones de la gente a lo mejor tenía bases cuando pasó lo de las torres gemelas, pero ahora es una reverenda estupidez, una incomodidad innecesaria y una forma de justificar mediocremente que los gobiernos, las instituciones y las empresas de transportes se preocupan por nuestra seguridad como ciudadanos, usuarios, consumidores y seres humanos. ¡Que se los crea su puta madre!
     En lugar de incordiar a la gente de bien, que aunque no lo quieran creer somos la mayoría, estos filtros de seguridad y pendejadas deberían aplicársela a su propio personal las líneas aéreas, a sus propios cuerpos de seguridad los gobiernos y a sus propios ministros cada pueblo. A mí me tratan de pretextar mi bien y mi seguridad para hacerme perder tiempo en sacar mi cámara fotográfica de su estuche… ¡una pinche cámara digital de hace siete años! ¡Una maravilla de la tecnología obsoleta! ¡La cosa más inofensiva en el mundo! Mientras tanto, sin mayores requerimientos, yo no sé qué loco se está subiendo a pilotar o copilotar el avión, no sé qué maníatica de panocha estrecha y tetas de adolescente se está trepando a dizque servirme una bebida cuando podría estarme envenenando, ¡a mí como pasajero nadie me asegura que los terroristas no son los que están a cargo de mantener el armatoste en el aire! Y, por supuesto que saco esto a colación porque me encorajina que uno les tenga que poner buena cara a sus groseras formas de tratarte en el filtro y de exigir que saques tus pertenencias, como si fueras un vulgar delincuente cuando nomás de onda a un pinche loco que hayan contratado se le ocurre que puede estrellar la chingadera y tantán. Casos de pasajeros terroristas casi no circulan en la red (si los hay en la realidad ya no me atañe, estoy hablando de lo que la información me permite interpretar), pero en cambio abundan las acusaciones infundadas contra personas perfectamente normales y, podríamos decir, que estandarizadamente buenas, detenidas o acusadas de atrocidades que nunca cometieron, solamente porque usan un turbante, están más prietos que el resto o nomás les pareció que hacérsela de pedo era lo correcto. ¿No, por otra parte, sí son paradigmáticas estas situaciones en que el propio personal encargado de manejar o dirigir la nave la cagan y feo? ¿No hay un italiano juzgado por hundir un puto barco? ¿No ya varias naves de Oriente se han perdido para lo que parece ser la eternidad? ¿No en Francia se han dado en la madre más de tres aviones de pasajeros con éstos todavía dentro? ¿A qué estamos jugando? Esas mamadas de filtros y de guardias mamilas que se creen dueños del aeropuerto que se las apliquen a ésos que están pilotando o hacen de sobrecargos.
     Yo creo que Andreas se mató en balde porque si algo le podríamos haber agradecido es que, por su mamada de cargarse el avión, se habría exigido un cambio de protocolo para esto de los viajes. ¿De veras los terroristas no tienen algo más creativo que secuestrar aviones para operar? ¿Es que acaso seguimos en el siglo XX? Si los maniáticos homicidas son la gente más creativa del mundo, ¿qué tienen que andar haciéndose pendejos en vuelos comerciales? Si algo me pone de mala hostia es precisamente la gente que quiere verme cara de idiota y venderme que lucha por mi bien, por mis intereses… sí, Chucha, ¿y tus calzonsotes? La seguridad que ha habido hasta la fecha es suficiente para el pasaje. De nuevo, si se trepa un loco, aunque no traiga un cuchillo o una bomba puede causarle daño a alguien. Aunque no traigan más de veintitantos mililitros pueden ingeniárselas para chingarse a un vuelo entero. ¡Despertemos de las ilusiones de seguridad y centrémonos en otras cosas! En el cielo, si te cargaron los árabes, ya valiste verga, por muchos filtros que haya en tierra. Y si encima el copiloto o el piloto o las azafatas o toda la puta tripulación están locos, ¿qué esperanzas hay para los que tuvimos que sacar la computadora y el teléfono y la cámara para los pinches rayos equis?
     La verdad es que, en vez de incordiarnos a quienes pagamos el boleto y necesitamos del servicio, habían de centrarse en garantizar que el personal es respetable y no supone un peligro para nadie. Pasarse de verga con el cliente no es capitalismo salvaje, son chingaderas llanas y planas. ¿O ustedes qué piensan?

Video testimonial de la caída de un avión de TransAsia en Taipéi. Según los informes, había despegado hacía pocos minutos y las causas de su desplome son desconocidas.
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