Locos maestros

Escrito de Víctor Miguel publicado el martes, 24 de junio de 2014 | 22:48

¡Extra! ¡Extra! ¡Los maestros mexicanos están locos!

Leí esto en alguna parte y, aunque en principio no comprendí bien, creo que he contraído ese mal que afecta a los docentes de México. Muchos de mis colegas también se han vuelto locos. No existe cura alguna, aunque en nuestro país el gobierno, los medios de comunicación, los padres de familia y las autoridades de la Secretaría de Educación Pública realizan grandes esfuerzos por erradicarla, pero nadie puede contra nuestra locura por la educación y no podrán jamás, ¡porque ser maestro es una vocación!

Mensaje para Carlos Loret de Mola

Malquerido Carlos: cuando se te ocurra decir que los maestros no trabajamos, piénsalo dos veces, porque somos los maestros quienes sentamos las bases para el desarrollo del país. Gracias a la labor de incansables e ínclitos docentes es que tus patrones de Televisa se formaron y crearon el imperio mediático que te da de comer (¿o me dirás que la dinastía Azcárraga la conforman un hato de ágrafos e ignorantes?), aunque la calidad de tu trabajo (si a lo que haces le podemos llamar así) sea pésima. Los maestros de México sabemos que te aplica el viejo adagio que reza: «el león cree que todos son de su condición», y sería una dicha que nuestra labor consistiera en propagar mentiras y realizar proselitismo a favor de los poderosos, justo como tú lo haces, pero no todos podemos ser el nunca como se debe alabado Carlos Loret de Mola; nosotros, por fortuna y gracia de Dios, sí nos ganamos la vida honrada y esforzadamente. Este mensaje es una invitación para que tú hagas lo mismo o, cuando menos, hagas algo, a secas. ¿Por qué no intentas una actividad nueva, una que nunca hayas realizado antes? Se nos ocurre sugerirte, por ejemplo, estudiar, ya que se nota que no pisaste un aula de la facultad de periodismo jamás, lo que justificaría tus juicios sobre la labor docente. Solamente alguien educado valora en justa medida el trabajo que realizamos los maestros.
     No eches en saco roto este mensaje. Si de verdad te interesa México, en lugar de hacer documentales sensacionalistas, promueve una cultura intelectual y científica. ¡Sé un profesionista respetable y comprométete con tu país!

Mis amigos maestros o los locos que enseñan

Conozco a esos locos docentes, esos locos que enseñan. Sí, los conozco; los he visto muchas veces. Son raros. Algunos salen de sus casas muy temprano, de madrugada, sólo para estar en la escuela una media hora antes y ordenar y limpiar el aula, para que cuando sus alumnos lleguen encuentren el ambiente propicio para el estudio. Otros de estos locos salen del plantel mucho después de su hora de salida, porque tienen miles de cosas que revisar o muchos estudiantes que necesitan recibir atención adicional porque no la reciben en sus hogares. En ocasiones, también se quedan hasta tarde esperando a padres de familia que quieren entrevistarse con ellos, las más veces para tratar asuntos que ellos, los maestros, no tiene necesidad de tratar, pero lo hacen porque saben que es necesaria una comunicación constante entre ellos y los padres de familia. Hay maestros que recorren varios quilómetros para llegar al lugar que utilizan como aula, aunque a veces no tenga pizarra, pupitres ni materiales didácticos que faciliten las lecciones… ¡Están locos! ¿Quién puede hacer semejantes sacrificios a cambio de un bajo salario y de la ingratitud de tantos sectores sociales? ¿Acaso una persona cuerda sufre estas calamidades sin más? ¡Por favor! ¡Es obvio que les faltan muchos tornillos a estos maestros!
   ¿Quieren una prueba contundente de su locura? ¡Los alumnos! Los alumnos son la prueba infalible de la locura del maestro. ¿Cómo es posible que los docentes se preocupen más por algunos niños que no son hijos de su sangre que los propios padres? Sólo por no mencionar que muchas veces, los maestros dejan en segundo plano a sus hijos por compromisos de trabajo… ¡y los propios hijos se convierten en huérfanos de padres vivos!

    A los docentes, en verano, no les dan vacaciones sino un «receso escolar», durante el cual deben preparar las clases para el período siguiente, diseñar tareas y ejercicios y, por si fuera poco, asisten a cursos de actualización, impartidos muchas veces por personas que nunca han dado clases a menores de edad.
     En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros van con una botella de agua a su lado o con sus pastillas Vick. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando. A veces fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.
     Se los digo, yo los he visto; no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recepción de dinero y de vigilar a los chamacos, que se portan como si nunca salieran a pasear.
    ¿Qué será de este hato de locos? Por la noche sueñan con la escuela; se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. Esto, por supuesto, si no se quedan hasta la madrugada calificando, haciendo listas o materiales para la siguiente lección.
     Están mal; sacrifican sus sábados para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de descanso o tiempo con su familia para mantenerse al día. Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban, que se alegran cuando sus alumnos avanzan. Y a pesar que tengan décadas de servicio, siempre encuentran nuevas formas de hacer las cosas. Se asombran cuando comparan un ciclo escolar con otro y toman nota de lo bueno y lo malo, para el siguiente. ¡Pero no pueden pasar siquiera un día en paz!
     Como buenos todólogos les toca desde atar agujetas, hasta llevar el control de libros de actas y de contabilidad de la Cooperativa Escolar o limpiar una herida y poner un curita. Ya ni hablar de los festivales, organizar una kermés, campañas de salud o el despliegue de creatividad en sus periódicos murales y manualidades.
     No me canso de repetirlo, están mal de la cabeza… Son capaces de no tomar una licencia médica o uno de sus días económicos, sólo porque no hay quien atienda su grupo. Dicen que son docentes y que se sienten muy orgullosos de serlo, que si volvieran a nacer volverían a ser maestros. ¡No tiene sentido! ¡Es una locura!
     Y hablando de locuras, conozco una muy especial: tú, que justo en este momento lees estas líneas gracias a un loco maestro.

Gracias, docentes.



NOTA: SI CONOCES A OTRO LOCO,COMPÁRTELO, ¡VALE! Esto NO es una cadena, es una escalera para llegar a quien se cree el Mesías de la Educación -Carlos Loret de Mola- no sea que nos apruebe DE PANZAZO.
Viva la lucha del digno maestro.

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