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El pillaje ante la muerte y la pérdida. Reflexiones en torno a las disparidades existenciales

Escrito de Víctor Miguel publicado el miércoles, 7 de mayo de 2014 | 11:46

Parte Primera
en donde se expresan los fundamentos del asunto propuesto y se responden aquellas preguntas que antes del pillaje el hombre se vio incapaz de contestar por su cuenta

Advertencia

El presente texto representa el más prístino y auténtico espíritu del pillaje. Su lectura puede ocasionar las siguientes reacciones adversas no intencionadas: mareo, depresión, sudoración excesiva, masturbación frenética, alopecia crónica, koro, trastorno obsesivo-compulsivo, sida, deprecación compulsiva, síndrome de Sturge-Weber, cáncer de mama, úlcera cefalosporina, diarrea, muerte, alucinaciones, homosexualidad pasiva, matrimonio, heredabilidad de trastornos psicológicos, entropía, despersonalización, viajes interdimensionales, estiriidad, mal olor, licantropía y reflejos retardados. Léase bajo su propio riesgo.

0. Problema nominal

     La muerte regularmente parece una consecuencia natural al final del camino, sin embargo, rara vez se detiene el individuo a considerar de qué camino se está hablando. Es común encontrarse opiniones disconformes que de ordinario relatan alguna experiencia vacía, en la que el cese de la vida parece ser el elemento que recibe la denominación «muerte». En diversas culturas, este fenómeno ha adquirido una personificación variada, algunas de ellas de carácter tenebroso, otras aterrador y las menos, por razones aún desconocidas, de cariz alegre y despreocupado. El consenso parece implícito y claro: morir es dejar de vivir, pero entonces, ¿qué es la muerte? ¿Tenemos conciencia de que la denominación se dirige a un hecho concreto o es la abstracción de una abstracción? ¿Existe? ¿Tenemos certeza de ella? Ante todo, la SUP determina que es necesario equiparar la denominación con alguna otra que cuente con un respaldo tangible y definido, de modo que el nombre adquiera una dimensión plena. Al intentarlo, se encuentra con que es imposible equiparar con algo tangible el concepto, por lo tanto, la muerte es una denominación abstracta que recibe una idea circunstancial y no un hecho concreto. La muerte, como Occidente ha dado en denominarla, no existe.
     El meollo del asunto es, por consiguiente, que el presupuesto rector de la sociedad y el orden discursivo dictamina que todo lo nombrado existe. Al nombrar lo que no existe, la antinomia existencial es irrevocablemente desatada y ocasiona una serie de fenómenos inexplicables para todos los campos del conocimiento, incluidos la patafísica y el método de Ostrowski-Tordesillas. ¿Existe una manera de liberarse de la antinomia existencial? La descorazonadora respuesta es que no, no existe ni puede existir ya que supondría el fin del proceso racional que la ha descrito, es decir, que para que la antinomia existencial dejase de lado su carácter de contradicción, tendría que existir la muerte y adquirir este nombre. Pero, ¿cómo hacer que exista algo que no tiene ser ni puede equipararse tangiblemente? La respuesta no es retoricodiscursiva sino pragmática al cien por cien, para que exista la muerte debe existir una tangibilidad de la muerte.

1. Imposibilidades tradicionales

     La muerte tiene una larga tradición de imposibilidades que han facilitado su denominación sin existencia. La primera, quizá la de mayor extensión y envergadura entre los eruditos del tema, es la conocida Imposibilidad de la fineza. A todo lo tangible en el universo corresponde un nombre que, a su vez, tiene una reflexión abstracta que se denomina astralmente como «fineza», de esta manera la fineza del hombre es el alma, la fineza del reloj es el tiempo, la fineza de las letras es la versalita y la fineza de la mujer es el kaal’õstrõ, o «demonio de infelicidad contenido en el objeto de placer para fines de destrucción de la esencia del pillaje», sin embargo, la muerte, por la manera en que hemos definido previamente su problema nominal, no tiene fineza porque es una fineza en sí misma, de modo que la muerte es fineza de algo que no existe y, por ende, no puede tener fineza, de forma que no solo no existe sino que no puede existir. Esta teoría, sólidamente aceptada desde el siglo II a. C., es un craso error que se ha repetido hasta el grado de lo absurdo. El pillaje enseña que, dadas las condiciones de pillajestía en el universo, un pillajexón carente de pillajestía puede suponer la contención universal en un átomo a punto de la extinción, el átomo extinto aún existiría como materia no atómica, de modo que su fineza podría ser la muerte y con esto se excluiría la antinomia universal de nuestro plano, pero, ¿qué se necesita para generar extinción atómica? Algún sabio se lo planteó en su momento, razón por la que formuló la segunda gran imposibilidad, llamada Imposibilidad atómica.
     Los átomos, por definición, no pueden extinguirse ya que el nombre revela su fineza imperecedera: a–, prefijo que indica carencia; –tęöm– infijo que significa tiempo y –môz, sufijo que significa extinción, es decir que el átomo tiene por fineza la carencia de un momento de extinción. Aquí es cuando se complica la teoría, porque el pillaje en sí mismo es uno y se debe propiamente a la acción simultánea de pillajestía y pillajexón, ¿qué otro elemento puede añadirse? Sencillamente la viada. La viada es una fuerza organizadora universal que corresponde al movimiento microatómico más sencillo hasta la más compleja traslación de los cuerpos estelares; con la viada, literalmente, se mueve al mundo, pero también es la viada quid y esencia de todo aquello que no está comprendido en el pillaje ni fuera de él. La viada es la causa del tiempo de las extinciones, como por ejemplo, cuando desaparecieron los neandertales o los protozoarios de la faz de la tierra. La viada es capaz de generar un colapso en las carencias de tiempo de extinción de suerte que los átomos por propia naturaleza se extingan, lo que consecuentemente da cabida a la materialidad que corresponde a la fineza de la muerte. ¿Cómo entonces el átomo no se extingue? Porque el átomo tiene por fineza la inocencia.
     La tercera imposibilidad, lógicamente, es la Imposibilidad de las múltiples finezas. Solo una tangibilidad por fineza es el orden universal establecido y preconizado por los que profesamos el pillajes, ¿de qué manera se puede evadir esta norma que no tiene vados ni tangentes? Sencilla es la respuesta pero no así la ejecución: la transformación nominal de la decisión hermenéutica de la muerte, es decir, cambiar la categoría de la muerte de fineza a cualquiera otra, que puede conocerse en el orden del pillaje gramático como «accidente». Sin embargo, la hermenéutica no es gramática y, toda vez que lo fuera, se encerraría en el ciclo retoricodiscursivo previamente vedado para la aplicación de un desenlace a la antinomia existencial. ¿Cómo, entonces, puede generarse el cambio? ¿Para qué sería importante dicho cambio? ¿Es realmente la antinomia existencial un obstáculo para la felicidad o para el objetivo de cada individuo en el universo? ¿Qué representa para el pillaje? Respondamos a estas interrogantes una a una.

1.1. Interrogantes en torno a las tres imposibilidades tradicionales

     Sobre la generación del cambio.- El cambio categórico de la muerte como fineza denominada sin materia, o «inmaterial» según algunos autores, debe provenir de la propia antonimia existencial. La manera se traduce en la transformación de los artículos contrapuestos en artículos acordados, siempre con planteamiento pragmático o teórico aplicado, de suerte que no sea una perspectiva relativista de la solución sino su tangible y material realización en nuestro plano dimensional, lo que comporta la transmisión y recepción de los artículos como una lógica sucesión acordada. Esto, gestado en el plano retoricodiscursivo, debe encontrar una natural generación en el plano dimensional extradiscursivo, es decir, en la antinomia existencial misma.
     Sobre la importancia del cambio.- Con el cambio operante en la antinomia existencial, la muerte no supone un colapso del universo por falta de materia, lo que permitiría finalmente traer la viada y el pillaje a la vida del hombre sin estar excluido en uno u otra.
     Sobre el impacto que tiene la antinomia existencial.- Los efectos de la antinomia existencial en la vida del hombre son siempre nocivos, ya que comportan un elemento que no se ha mencionado antes por no alarmar a los lectores, pero que puede generar atrocidades como la desaparición del queso. El elemento en cuestión es el «zapórogo» y su consecuencia es la erradicación del pillaje en el universo.
     Sobre el problema para el pillaje.- Carente de pillaje, el universo no se colapsa sino que se transforma en una nueva antinomia puesto que la fineza del mismo es el pillaje. Al no existir una fineza para el universo, éste sencillamente se enclaustra en una doble antonimia, lo que provoca cuatro artículos contrapuestos y genera el caos del que surgen las explosiones estelares. Sin pillaje el átomo no puede ser, es decir que al faltar el elemento ordenador, la antinomia se transforma en el eje estructural y la existencia se vuelca hacia el orden del discurso heurístico.
     Si el cambio es posible, ¿por qué no se ha generado?

1.2. La imposibilidad definitiva

     La cuarta imposibilidad, que es definitoria en este caso es llamada la Imposibilidad hermenéutica; surgió a mediados del siglo XXI, cuando una ingeniero química que padecía de sus facultades mentales (y aparentemente egresó de la UNAM), se decidió a resolver si el gato de Schrödinger existía o era parte de las antinomias existenciales menores que no producen más caos que la menstruación. La imposibilidad hermenéutica propone precisamente que el cambio categórico es necesariamente asunto de una disciplina distinta y, por ende, corresponde a la recepción y no a la interpretación el comportar un final de la antinomia universal. La contradicción entonces es desaparecer el vocablo para que así, al no definir fineza como materialidad, desaparezca la antinomia. Es por eso que la muerte debe adquirir una personificación en las culturas, de manera que sea la materialidad la que proponga una adquisición bipartita del nombre, por un lado material y por otro de fineza, que comporte un bienestar universal fundamentado en el pillaje. Sin embargo, el problema de la antinomia no se resuelve porque la muerte como prosopopeya es todavía elemento retoricodiscursivo.
     Si se ha hablado de la práctica como única manera de ejercer el fin de la antinomia y, consecuentemente, salvaguardar el pillaje, es necesario entrar en la dinámica de la pérdida y del ejercicio vital de la viada. Ser en términos de viada proporciona al pillaje la capacidad estructural necesaria para moldear el plano dimensional, y utilizarlo de manera que los electrones se ajusten al peso atómico del queso. La actuación es decisiva, ya que el método del cambio procede de la fineza de la pérdida, que también es una abstracción pero encuentra materialidad en el mundo. Es por esto que se conoce como «Mundo Perdido» a ese espacio en el que todavía existen dinosaurios, pues la pérdida es la fineza del mundo y el mundo origina una materialidad: el organismo natural, cuya fineza es la preservación. Sin el cambio no existirían los dinosaurios, por ejemplo. La antinomia de la muerte, por tanto, está supeditada a la cuerda correspondencia entre mundo y pérdida, lo cual se expondrá en la parte segunda.
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