Carta

Escrito de Víctor Miguel publicado el sábado, 30 de julio de 2011 | 23:47

Apenas esta noche se cumple el día tercero en que te conocí. De alguna manera, conocer a alguien por la madrugada es la vía a la que un hombre recurre para sufrir más tiempo con menos recuerdos nítidos y aún menos posibilidades de sanarse. Si te escribo esto es porque ya se cumplieron, en realidad, dos amaneceres; pero la hora nocturnal que nos recuerda la madrugada ya va en su tercer encuentro, en fin, son divagaciones mías, a lo mejor las pongo porque no quiero que esto parezca un escrito de puras quejas. Y es que desde que estuvimos juntos, bebiendo y besuqueándonos como un par de adolescentes enamorados, me quejo mucho. Sí, me estoy quejando y no es para echar bronca, es más que otra cosa para lamentarme, como cuando dice uno «¡ay, me duele!» o «¡ay, mis hijos!». Esa noche no la quería pasar solo; pero por ti me aguanté la soledad asfixiante, a ver si un día tú te puedes aguantar el miedo y acompañarme una noche, eso si te dignas responderme alguna llamada o un mensajito. Todavía me estoy preguntando para qué me diste tu número. Si te llamo mañana vas a enojarte porque soy muy enfadoso, si no te llamo jamás me vas a responder y, pues, como de tu nombre sólo sé el de pila, no puedo esperar que un día veas esta carta y digas: «Sí, es para mí, ya sé qué le voy a contestar».
     Me siento muy abandonado. Mis compas, los que conociste, se van en acabándose la cerveza; pero tú que me dijiste que no tienes necesidad y que, además, te gusta el desmadre (y que, de alguna manera, te gusté yo porque ya decías que estábamos para casarnos), ¿cuándo me ibas a dejar por la falta de cerveza? Bueno, eso me estaba yo figurando; pero ya ves, ni tú estás por acá ni yo tengo a nadie con quién hablar un poco. Algo que sí te voy a decir es que no le tengo miedo a quedarme solo, porque nací solo, he vivido solo y así sigo viviendo, y siempre he pensado que así me voy a morir. Pero estas fechas me pesa tanto despertar sin nadie, irme al mundo sin nadie, regresar a mi mundo sin nadie y, finalmente, darme cuenta que yo poco a poco me estoy volviendo nadie que… Total, a lo mejor lo que tú quieres es ser como Carmen, la heroína que describe Mérimée en su novela, y no quedarte afincada a un solo hombre, eso está muy bien, yo tampoco sé si puedo ser para una sola mujer; pero mientras haya intención, si lo pidieses, sería tuyo nada más. Yo no quiero un adorno inerte en mi habitación, quiero una compañera de viaje o de estancia, de lo que te acomode más, la cosa es que quiero estar contigo, y hasta parecía que tú concordabas con eso, me acuerdo que ya no querías ir sin mí al baño, para que ya no me alejaran de ti. ¿Por qué de momento ya no quisiste volver conmigo a cualquier parte? Tus motivos tendrías. Por eso las cosas aventadas no me gustan, cuando las emprendo acabo así. Querías mi teléfono; pero yo estaba seguro de que no ibas a llamar y mira, mejor me diste el tuyo y no contestas. En fin. Piensa en mí, si puedes, de menos hazme ese favor.
Adiós (supongo).
Tu Víctor.
31 de enero de 2009.
Víctor Miguel Gutiérrez Pérez © 2009-2011.
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