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De mamalinismos y desgracias: invectiva

Escrito de Tuzo Pillo publicado el martes, 26 de septiembre de 2017 | 00:00

No se habla desde hace una semana de otra cosa que no sea el sismo del 19 de setiembre.

Doquiera que se mire uno puede estar seguro de que, lo quiera o no, habrá un ejército de mamalines publicando sus heroicas proezas como esforzados voluntarios que, dejando de lado todo egoísmo, se han lanzado a socorrer a los hermanos caídos en desgracia, en tan flagrante y hollywoodesco patriotismo que no puede uno sino admirarse de la gran unión que indefectiblemente liga para la eternidad hombro con hombro a mexicano con mexicano, todos como ese ideal de nación que desde 1821 no había podido consolidarse sino en los sueños de esos difusos héroes que nos dieron patria.

Todo ello está muy bien. Ha ocurrido una desgracia y es de hombres, que no de bestias, el socorrer a los vulnerables y desprotegidos. Desgraciadamente este movimiento esperanzador y optimista dista mucho de ser, en efecto, el ejemplo de unidad, justicia y organicidad nacional que tanto se esmeran en pintarnos los medios y, más que ellos, los mamalines que andan por las redes pregonando a voz en grito que a partir de ahora todo será diferente, que la clase política será desterrada de la ciudad que es médula y modelo del país entero, que aunque el cuerpo se canse el espíritu y la voluntad no se doblegan y que pronto llegará, como si de la Jerusalén celestial se tratase, ese México paradisíaco en el que el bruto pace junto a la oveja sin siquiera añorar el gusto de su carne, ese Edén que si la corrupción traída desde fuera, desembarcada con Cortés y sus huestes de bellacos y truhanes, tornó putrefacto hoy habrá de levantarse nuevo, límpido como el estado libre que gozó primero. Triste parteaguas de turno que la inteligencia de pacotilla de algunos no alcanza a dilucidar.

Y sin embargo, en este utópico México sin males, donde todos cuidan de todos y nadie mira por sí mismo si no es para seguir mirando por el otro, el odio campa a sus anchas: se odia a los políticos, se odia a los desposeídos que aprovechan la confusión para por fin hacerse justicia por mano propia, se odia a los militares y marinos si yerran en algo, se odia a los medios de comunicación porque hay que odiarlos, se odia al que no le mama el esfínter a la chingada perra rescatista, epítome de todas las dignidades zoecéntricas que habrán de venir con este nuevo mundo; se odia al que no anda de mamador y al que, harto de tanta hipocresía, se atreve a reconvenir a los esforzados voluntarios que meten las manos hasta los codos en sabe Dios qué, pero las meten y meten y vuelven a meter con la esperanza de rescatar un chihuahueño, un loro o el cadáver de un niño —y el cadáver no es gratuito, sino grato, porque recuerden que estos héroes le confieren más dignidad a un cuadrúpedo y a un ave que a un individuo de su misma especie, al que prefieren llorar antes que arropar con vida— y en este México de libertarios, de héroes y de hermanos, a final de cuentas, se odia como siempre al que no les compra el mame y no se lo tatúa hasta lo hondo del tuétano.

No voltean a mirar al lado oscuro de la tragedia, que la vuelve aún más dolorosa: violaciones, robos, engaños, muertes. La falta de atención a los crímenes tradicionales, merced de la preocupación por rescatar gente y organizar a la población que acude a trompicones a ayudar, ha servido de manto protector para las escorias sociales que siempre buscan salida para sus bajas inclinaciones. Esto también es consecuencia de la debacle, pero pareciera que ello con una mentada de madre y con no publicar mucho al respecto se borra de la superficie perfecta del México que será, que aprenderemos a ser a fuerza de hashtags y de exclusión si no comulgas, porque en este paraíso caben todos los que piensen como un puñado de mediocres e ignorantes, eso sí, bienintencionados hasta los huesos. Entre tanto sudor, polvo y, sin duda, sangre, orgásmicamente tapan el sol con un dedo e insisten que las cosas no van a seguir igual, pero yo me pregunto cuánto tiempo durará la consigna, cuántos segundos contabilizarán la eternidad de este nuevo ombligo de la Luna.

Ya sienten, no obstante, en plena ebriedad onanista los pasos en la azotea estos putillos de atención, porque es verdad que en la marejada de publicaciones y de tuits, algunos ya comienzan a decir «que sigamos unidos», «hay que mantenernos así», «creemos claves para recordarnos esto y seguir así». Muy loable pero igualmente fútil su incitación a no romper la pretendida hermandad que una desgracia ha venido a inspirarles. No se van a mantener así por una sencilla razón: nunca han estado unidos genuinamente con esos a los que ahora llaman hermanos. Se llenan la boca con palabros de amor fraterno, pero en el fondo siguen siendo los mismos apáticos egoístas. Pueden invocar que han laborado, que han dejado días y lágrimas en el trabajo voluntario, que han apoyado con todo y más incluso, pero esto de lo que tanto se regodean es una reacción natural al desastre. Ha pasado una catástrofe, por eso están tan animosos, como lo estuvo la sociedad en el 85, como en todas partes del mundo, cuando pasa algo, los habitantes se esfuerzan por sobrellevar y superar la desgracia.

Pero, ¿dónde estaban estos generosos paladines de la hermandad entre connacionales antes del terremoto? ¿Dónde sus donaciones para ayudar a los once millones de pobres extremos que viven en el país? ¿Dónde su rescate a Oaxaca y Chiapas tras el sismo previo? Hasta que no les tocó a ellos, no movieron un dedo. En su cortedad de visión, en la que su generación es la única que ha pisado la faz de este planeta y por ende a sus diecitantos años lo saben ya todo, la tragedia es la piedra de toque que les hacía falta para despertar, para escuchar esa llamada libertaria y mesiánica cuando no milenarista, ¡como si antes no hubieran existido desgracias que podían haber servido de mortero para construir esto que falazmente juran haber edificado! Yo les vuelvo a preguntar a esas hordas de payasos mediáticos dónde estuvieron antes de que el sismo dejara tan maltrecha a la Ciudad de México; tanto alaban la obligada ayuda extranjera, y ellos dónde estuvieron en 2011 cuando el tsunami provocó tanta muerte y desolación en Japón como ahora este terremoto aquí, dónde un año antes cuando la mina San José se tragó vivos a 33 mineros chilenos, dónde toda su puta vida cuando México se ha empobrecido cada vez más. Estaban ahí riéndose de los memes generados ex profeso para burlarse de estas situaciones. Estaban ahí creyéndose intocables, perfectos, cagados de risa merced de su superioridad moral.

No faltará la pendeja opinión que me diga que es muy fácil opinar de lejos, como si yo no viviera en este país, como si yo no fuera parte activa de la sociedad, como si no me preocupara por el otro y no pusiera en práctica la doctrina social que profeso y que consiste en apoyar en la medida de mis posibilidades a mis connacionales, no a raíz del terremoto, sino a raíz de que comprendo nuestra vulnerabilidad humana. A esas voces enanas solo les puedo decir que es muy fácil montarse en el macho de la superioridad moral e ir por ahí, gritando a los cuatro vientos, que meten las manos, que ayudan hasta que el cuerpo desfallece, que a diario se calzan las botas y el casco. Cálcense antes de que el piso les tiemble a ustedes, desfallezcan antes de que el dolor les llame a la puerta, hagan todo eso en silencio y sin mamar antes de que el techo se les caiga encima y entonces sus arengas cibernéticas tendrán sentido, entonces y solo entonces serán legítimos sus esfuerzos, pero ya sabemos que no va por ahí, ¿no es cierto?

México se va a levantar porque también es naturaleza que pasado algún tiempo las heridas sanen, las enfermedades mengüen y el organismo se restablezca, pero no va a ser diferente, doscientos años de histórica verdad nos lo demuestran. El cambio no comienza con iniciativas hipócritas, sino desde la participación genuina, la que no considera que la democracia es votar a lo estúpido, la que propone desde la sociedad civil maneras de avanzar hacia un fin común, la que no culpa al político, al cura o al militar de las desgracias sino que mira desde su propia trinchera dónde hay que comenzar a subsanar los vicios heredados por sistemas anteriores. A como vamos, esto no se quedará sino como una simple nota de aliento, entre tanto, seguirá el mame…

Vale.

La Ley de la Yerba.

Escrito de Papillón publicado el lunes, 25 de septiembre de 2017 | 00:00

La princesa estaba triste, no sabia como conciliar su dolor sin verse en la necesidad de sentirse ruin. Las leyes eran demasiado crueles para ser parte de la realidad de los hombres. ¿Quién las había dictado? ¿Por qué así?, se preguntaba cada noche que pasaba y que acercaba el momento en que debía "ser cortado" de la sociedad, el que no sólo era su más fiel y querido sirviente, sino que se había convertido en su gran amigo. Él sabía cosas que nadie más sabía. Ella, por su parte, no sabía cosas que sólo él sabía, hasta ahora, cuando la hija de la reina por fin entendió aquellas consecuencias que viven las personas por ser pobres y que no precisamente son parte de su argot cotidiano. A quienes están relativamente bien no les importan quiénes están mal, y no mucho más, les sigue importando a pesar de que un día les alcanzan los mismos males, pues se justifican diciendo: yo ya probé de los males de los hombres, a mí ya no se me puede castigar más. El caso es que siempre habrá quien salga peor castigado. La princesa al fin entendía que la pobreza estaba encaminada a un desarrollo nutritivo deplorable en el que, a pesar de eso, había miles de personas que subsistían sin dar muestras de representar un costo para el Estado por concepto de salud o por la sola desnutrición. De ahí que la resolución de las leyes dictaran que cualquier persona enferma (dependiendo de las enfermedades del Catálogo de Enfermedades con derecho a vida) debería ser retirada de servicio mediante la muerte o el destierro a donde podían ser víctimas de hienas y otras atrocidades. La gran mayoría escogía la muerte.  Pero estas historias se daban poco en torno a la vida de los reyes y de la princesa, doquiera que el dinero exista y sea el recurso para llegar a las cuevas más inverosímiles de la tierra o para obtener los placeres todos en cualquier medida, hará el camino, por aire o por tierra, para conseguir, incluso, la vida. Por eso es que los ricos no necesitaban cuidarse de las enfermedades tanto como los pobres. Primero porque su educación, su alimentación y en general el desarrollo de sus vidas se daban en un ambiente seguro y próspero; en segundo lugar, porque el dinero convence a doctores, jueces y presidentes por igual, de tal suerte que quien tiene dinero no muere, aunque viva solo. 


Pero ahora era el turno de morir de una de las personas a las que ella más quería, lo peor del asunto no era que no se contara con los recursos para borrar del historial de su amigo la enfermedad que lo aquejaba y que, necesariamente, por el bien de la sociedad, era menester que se erradicara, que muriera; sino que necesitaba atención médica, que estaba reservada para muy pocos. Y el asunto era público al tratarse de un sirviente, e, incluso, servía para que la familia real tuviera una "pena que llorar", a decir por lo bien que trataban al futuro acaecido. Los servicios de salud para el pueblo habían sido anulados por el Estado bajo el estigma de que las soluciones a los problemas no son los parches, no se trata de componer sino de evitar que se descomponga; desde hacía muchos años que no se prevenían en nada excepto en que pudieran darse las cosas según su Ley Sagrada de la Yerba, la yerba del campo a quien merecían lo que tienen, lo que son y lo que seguirán siendo siempre que se cumpla.

El principio era sencillo: “En jardín podado, no entran plagas”. Y son escogidas las flores que lo habitan, la ración de sol y de agua requerida para subsistir; al menos eso decían las leyes. Porque, de que había pobres extremos y ricos en el otro extremo, los había. La princesa no entendía bien cómo una ley que ellos mismos imponían no podía ser erogada. Y por mucho que habló en la corte privada a favor de que se atendiera al hombre, le fue negada toda petición. Y se dio cita en la misma corte para concluir, si no se curaba, cuándo se decidía su muerte. Y eso fue apenas unos días después y se dijo que Clemente, que así se llamaba el sirviente, fuera inyectado letalmente en un lapso no mayor a 3 noches. Cuando escucharon el veredicto, la princesa y Clemente se miraron y ella, soltando un gemido hueco, salió corriendo y llorando de la estancia. Clemente, que ya contaba una condena ejecutoria, pasaba a ser prisionero para que, en su locura, no provocara un caos o intentara cometer algún disparate. Por supuesto no era un prisionero de celda, pero a dónde fuera y lo que hiciera, debía ser supervisado por al menos tres hombres de la guardia real.

Fue al día siguiente cuando la princesa lo citó en los jardines traseros de las caballerizas, donde tantas tardes pasaron hablando juntos. 

-Retírense-, dijo la princesa dirigiéndose a los guardias.
-No podemos, la ley dice que debemos acompañarlo todo el tiempo.
-La ley también dice que si no obedecen al rey, a la reina o a su primer descendiente, es pena de muerte, ya que los intereses de ellos están por encima de los intereses de la nación, según nuestra Carta Magna. Lo que no dice la ley es que por desobedecer a la propia ley, te deban matar. Si a caso te castigan y te cesan. Vengan acá, ¿qué prefieren? ¿Todo el peso de la ley impuesta por mí y promovida por mí -por desobediencia a la princesa- que los llevará a la muerte o quedarse fuera del palacio real, pero vivos?
-Desearía poder dar aviso, cuando menos, al rey- dijo el Mayor.
-Bien, hazlo, aunque no tienes licencia mía, que estoy aquí. Retírense, les digo, antes de que encienda la mecha. 
Dicho esto, los guardias, tímidos, dejaron que caminaran juntos por el jardín. 
-He resuelto que nos casemos-, le dijo la princesa a Clemente.
-No puedes hacer eso. Estoy enfermo.  ¿Para qué me quieres salvar?
-Porque estás enfermo, no muerto. ¿Por qué no habría de salvarte? Existen médicos y medicinas para la familia real, ¿por qué no para todos? Su maldita ley funciona para una sociedad estable, ¡pero no se aplica a nosotros! La sociedad está estable de esas paredes para adentro. Allá afuera solo hay miseria.
-La ley funciona en tu vida en el momento en que me matan a mí y no hay necesidad de cargar con lastres. Hazme creer que te importa y que en tu "nosotros" con el que te refieres a la familia real, tengo un lugar para ti. 
-Es por eso que lo digo, Clemente. Porque me importas y porque me duele todo lo que está pasando. Y porque en nosotros, según La Ley, no entras tú. A menos que seas familia. De modo que vayamos a casarnos en este momento. Ya mandé a arreglar los papeles y nadie se va a enterar. A mí padre y a mí madre no les quedará nada que decir. 
-Yo no puedo aceptar eso, mujer. Te vituperarán y te juzgarán. Serás el hazme reír de la familia. Te censurarán la voz y el mando y si despiertas el encomio o el coraje de la "otra" familia real, son capaces hasta de matarte por anunciar una buena que terminó siendo una negligencia. 
-No, si estás conmigo. 
Fue largo el discurso de ambos. Pero al final, la princesa resolvió: 
-¿Qué prefieres? Que te maten por desobedecer a la princesa, deshonrar el nombre de tu familia y borrarlo de la placa dorada de sirvientes leales al servicio de la realeza o morir por honor de salvar al pueblo por ser sacrificado por enfermedad, como uno más de los muchos caídos? 
Y otras cosas que le dijo, con lo cual lo llevó consigo hasta donde hubo un juez "real". En esa casa todo era real, hasta los jitomates y las zanahorias que había en el refrigerador, no solo eran cosechadas manualmente, sino que eran reales, a diferencia de la comida que el resto del pueblo estaba acostumbrado a ingerir. Comidas irreales.
Se casaron. “Ardió Troya varios miles de años después de que hubiera llegado Agamenón”.


Intentaron deshacer el matrimonio arguyendo que ella estaba en una situación dolorosa y no podía razonar adecuadamente, acusándolo a él de aprovecharse de la situación y, sumada la acusación, reforzar la denuncia. No era una cosa de los padres de ella tanto como de las reglas que rigen la política de un lugar. En el fondo, su padre estaba orgullosa de ella, sabía que un día ella haría lo mejor por el pueblo; al ser primogénita, no se transfería a su futuro esposo el reinado, con lo cual también estaba agradecido. Al final Clemente no dejaba de ser un sirviente como para, después de estar condenado a muerte, terminar reinando el pueblo. Nuevamente, frente a los jueces y con todo el poder del acto público, por su escándalo, la princesa arguyó:
-Es mi deseo permanecer casada con este hombre e intentar crear una familia que promueva los valores del respeto y la tolerancia. Le pido a la corte me conceda el derecho inalienable de decidir con quién contraer nupcias, único beneficio de los no impuestos de la realeza. Además, así como hay premura en un juicio por tener que celebrarse antes de que se ejecute una sentencia, del mismo modo apremia la salud de mi marido, que es parte de la familia real en este momento, y no se le ha otorgado la asistencia médica. Sabemos que esto se interpreta como Negligencia de Estado y estamos obligados a enjuiciar, hasta con la vida, si mi esposo muere, a todos aquéllos inculpados en el caso y por lo cual no se prescribió el tratamiento, sea judicial o no la intervención. Y por mi cuenta corre, esto no lo anoten en las actas, que si esto llega a pasar, descargaré todo el peso de mi poder para que lo paguen quienes deban pagar por dejar viuda a la princesa-, dicho esto, la mirada del rey adquirió un brillo orgulloso que contribuyó a presionar a la Corte. 

Y, aunque hicieron falta muchos diálogos para salir de la sala, ni procedió el juicio de anulación del matrimonio, ni Clemente se murió. Y no es que la princesa quisiera estar con él, solo eran amigos, pero tampoco les venía mal vivir juntos, al final él siempre le aconsejó sobre muchas cosas. Esto en nada cambió. Lo que sí cambiaron, fueron las reglas. La medicina no sólo debería ser para la familia real sino también para quienes colaboraran con ella. La estrategia de podar el césped y aniquilar plagas de raíz menguó con los años. La princesa logró un reinado más o menos sostenido. La inconformidad del pueblo por la escasez de alimentos que las sequías provocaban, generaban disturbios que siempre empañaron la vida del principado. En el fondo hizo su mejor esfuerzo y sacó adelante la familia y contribuyó con el Estado. Y, sobre la medicina y sobre las leyes de poda, cambiaron, con el paso de los años, las costumbres. Cuando la princesa ya era historia porque ya estaba muerta, a la gente ya no se le mataba por enfermedades, si a caso la medicina seguía siendo una restricción exclusiva para ricos, la sociedad dio un giro inesperado y pronto las calles se llenaron de mendigos y los jardines preciosos de otrora hoy lucían descuidados, de tan complicado que les resultaba el desorden y de lo difícil de imponer nuevas reglas, pues, si ya se violan unas, qué más da otras. El jardín se llenó de yerba. La yerba dio flores hermosas, moradas y amarillas, abruptas y pálidas, preciosas, pero débiles; festín de abejas. Estas flores silvestres, a la primer tormenta, perecían por grupos. Y no como antes, que cada muerte inesperada era muy dolida por lo difícil de que sucediera, claro, si a los que ya estaban por morir, los mataban, ¿como esperaban que hubiera muertos?  Las otras flores, que seguían existiendo por poseer lugares privilegiados en la tierra y una alimentación y exposición al sol más adecuada, contenían lejos de ellas a las otras yerbas, a los pobres; a veces se mezclaban pero intentaban que no sucediera. Les quitaban el agua de la tierra que aquéllas necesitaban (los ricos) para estar fuertes, sin darse cuenta de que la raíz que echaba la yerba (los pobres), era sostén suficiente para que cuando llegara, no una tormenta que mataba a la yerba sino una debacle que arrasara con todo, solo las raíces de la yerba protegerían a las otras flores, las bonitas, las coloridas, las fresas, las ricas, las de las lomas y las de los Pinos, donde vive el presidente. No se daban cuenta de que con la muerte de las flores silvestres (y sus raíces enraizadas, valga la redundancia) se evitaba la muerte de las de ornato. Como en la vida real, la que no pertenece a la realeza. 

6WORDSMITH, Vol. 4

Escrito de E.J. Valdés publicado el jueves, 7 de septiembre de 2017 | 00:00

“6wordsmith” es un proyecto de microficción que descubrí en Instagram. Cada uno de los relatos que publican, escritos por los propios seguidores, consta de seis palabras. Para esta serie me he dado a la tarea de traducir algunos de estos textos sin violar la extensión establecida. El ejercicio me ha resultado en sumo interesante. Por desgracia, “6wordsmith” no da crédito a los autores. Que lo disfruten.




Your fingerprints have not washed off.
Tus huellas no se han borrado.


Violin for sale. No strings attached.
Se vende violín. No incluye cuerdas.


Everybody liked him. Nobody loved him.
A todo mundo agradaba. Nadie lo amaba.


Two lovers. One parachute. No survivors.
Dos amantes. Un paracaídas. Cero sobrevivientes.


Shot in crotch. No hard feelings.
Disparo a la entrepierna. Sin resentimientos.


“Hey, daddy? How was Earth like?”
“¿Oye, papi, cómo era la Tierra?”.


Selling parachute. Never opened. Slightly stained.
Vendo paracaídas. Nunca abierto. Ligeramente manchado.


Left for battle, never came back.
Salió a la batalla. Nunca regresó.


Immortal men attend the last funeral.
Los inmortales asisten al último funeral.


Unlock phone. Nothing. Lock phone. Loneliness.

Desbloquear teléfono. Nada. Bloquear teléfono. Soledad.

Penúltimo bimestre

Escrito de Tuzo Pillo publicado el viernes, 1 de septiembre de 2017 | 00:00

Caro público, cara pública: comenzamos el penúltimo bimestre del año. A lo largo de estos meses nuestro pillaje ha crecido y hemos logrado pillar ahí donde no lo esperábamos. El canal de Youtube se ha engalanado con nuevos contenidos y también nuestras secciones se han remozado. La página está radiante y estamos listos para comenzar los meses festivos con muchos ánimos y muchas entradas sabrosas.

En los próximos meses veremos nuevos vídeos, entradas de podcast, novedades de nuestra recientemente adquirida sección Letras Raras y un sinfín de curiosidades, como la inclusión de nuestras épicas batallas de rap, al menos en el papel; divertidas historias de ocho palabras, que llamamos 8gramas; nuestros clásicos artículos y mucha diversión.

Esperamos seguir contando con tu lectura y recomendación, porque todavía queda mucho pillaje por compartir.

Invisibilidad

Escrito de María Mañogil Feliciano publicado el lunes, 21 de agosto de 2017 | 00:00

Colaboración especial de Marilena de la Rosa.

Recuerdo cuando era niña y me tapaba los oidos cantando en alto mientras apretaba los ojos cerrándolos con fuerza. Ese fue uno de mis primeros métodos para convertirme en bicho bola.

Desde entonces, he perfeccionado tanto la técnica que ahora soy capaz de hacerlo hasta en una batukada, rodeada de tropecientas personas, cantando a la vez.

Y danzando.

No sé si es que el mundo es demasiado grande para mí o yo soy demasiado pequeña para él. Tan sólo sé que mis días se llenan de momentos en los que necesito hacerme bicho bola y salir rodando.

Otros, ponerme la capa de hacerme invisible y desaparecer entre el revoletear de palabras que no hacen más que llenar el cajón de cosas insulsas que ya me sé.

Y entonces me despisto y empiezo a volar con los ojos cerrados y el alma abierta de par en par, visitando lugares que extrañamente me sonrien al pasar sobre ellos. Me gusta besar sus nubes, porque sé que te acercarás y las rozarás con tu sonrisa, así a mitad que es como nos gusta.

Me gusta lanzar besos y pensar que te empaparás con ellos, como en otra vida lo hice yo con los tuyos.

Me gusta pensar que sonríes mientras me lees porque sabes que ese cosquilleo que a veces hace que te frotes alguna zona de la cara soy yo, soplándote para cubrirte de mí.

Me encanta pasear por ti sin que me veas, me encanta sentirte.

Me encanta vivir,

me encantas tú,

me encanta hacer,

me encantas en mi bicho bola,

me encanta ser,

me encanta estar,

me encanta bailarte,

me encanta ser yo, sin más…

Pero me encanta más si es contigo.
Así, dejaré siempre mi capa a la vista…
y cuando necesite pensarte seré bicho bola, y cuando necesite danzarte

seré aire,

en ti…

Mi bendita locura.

Ejercicios para comprender mejor la estructura del sujeto

Escrito de Tuzo Pillo publicado el jueves, 17 de agosto de 2017 | 00:00

Como sabéis, ilustre público, aquí en Pillaje Cibernético nos preocupamos horrores por la educación. Tanto es así que en un denodado esfuerzo por apoyar al magisterio militante en su siempre loable labor de enseñar al que no sabe, hoy esta entrada ofrece un simpático cúmulo de ejercicios que tienen la intención de reforzar el conocimiento de la gramática básica. Se trata, nada más y nada menos, que de veinte reactivos sobre el sujeto gramatical. Ojalá que os agrade o, al menos, sirva para que paséis un rato de ocio echando a andar las neuronas de la lengua.

Vale.

Portadas favoritas, vol. 1

Escrito de E.J. Valdés publicado el martes, 15 de agosto de 2017 | 00:00

Durante la realización del segundo episodio de Sequenza (que pueden escuchar aquí), Osiris y yo descubrimos un álbum titulado Vivaldi con moto, del violinista italiano Giuliano Carmignola. Su cubierta, que comparto debajo, juega con el título del disco, que se traduciría al castellano como "Vivaldi en movimiento", pero Carmignola se lo tomó tan literal que, en un gesto de gran humor, se retrató a sí mismo a bordo de una motocicleta.


A Osiris esto le pareció tan simpático que no pudimos dejar de mencionarlo durante el programa y, dado que es mi más sincero deseo que ella disfrute de más cubiertas como esa, me di a la tarea de reunir quince de las portadas más simpáticas que encontré de álbumes de música clásica. Espero que les resulten en sumo agradables tanto a ella como a ti, lector.















El cuento de la abeja pegada

Escrito de María Mañogil Feliciano publicado el lunes, 14 de agosto de 2017 | 00:00

Mi hija tiene fobia a las abejas.

Hace un par de veranos la escuché gritar desde el baño y cuando fui a ver qué le pasaba comprobé que se había colado una abeja despistada y con más miedo que mi hija. Creo que tenía fobia a los humanos.

Cuando conseguí que se calmara (la abeja) y dejó de revolotear, se quedó apoyada en el lavabo, agotada. La empujé con mucho cuidado y dejé que poco a poco se fuera subiendo a la palma de mi mano.

Así la llevé despacito hasta la ventana, pero se quedó allí agarrada o pegada, no sé. O dormida en mi mano. No quería irse y me imaginé que tendría que llevar a la abeja para siempre conmigo y darle de comer. ¿Qué comen las abejas? ¿polen?

¿Cómo sería ir con una abeja pegada a mi mano toda la vida y tener que ducharme con la mano alzada para no ahogarla y dormir con la mano fuera de la cama para no aplastarla?

Era mi mano izquierda, menos mal porque soy diestra y llevar a una abeja en la derecha me habría complicado mucho la existencia.

Volví a empujarla suavemente, esta vez invitándola a que se fuera; y me entendió, se despegó de mi mano y salió revoloteando por la ventana.

Nunca volvió a entrar.

En algún lugar, un otoño, una abeja anciana le relataba al inspector Musca: qué suerte que se despertó la humana y me empujó. Qué bien que pude desengancharme de su mano. ¿Cómo habría sido mi vida con una humana colgando siempre de mis patas?, ¿cómo habría podido volar?

¿Y con qué la habría alimentado?, ¿qué comen los humanos?, ¿polen?

Imagen cedida por María Magdalena Comas Pons, de la Asociación Balear de Parkinson.

Te sueño desnuda

Escrito de E.J. Valdés publicado el viernes, 11 de agosto de 2017 | 00:00

Colaboración especial de Raúl Picazo


Te sueño desnuda
en una tina con flores y duraznos.

Tu cuerpo flota
en un espeso manantial de colores silvestres.

Tu cuerpo, como luna,
escondido se encuentra,
apagado porque el sol de la una de la tarde
flota en el cielo.

Te sueño porque despierto
y mis ojos se entornan para imaginarte desnuda.

Mis letras existen como representación
de lo que eres:

mujer
bañada de flores y duraznos.

Vivaldi: una curiosidad

Escrito de E.J. Valdés publicado el jueves, 10 de agosto de 2017 | 00:00



Hacia 1713, Antonio Vivaldi estrenó un concierto para violín y cuerdas en Re mayor rematado con una peculiar dedicatoria: “a la solemnidad de la santísima lengua de San Antonio de Padua”. El entusiasta poco versado en menesteres religiosos puede preguntarse a qué obedece esta anotación y a ello traigo respuesta: esta obra, identificada hoy con el número 212 en el Catálogo Ryom (y que tiene un tercer movimiento precioso), fue escrita en honor de una de las más peculiares reliquias que encontramos en la historia del catolicismo.

Antonio de Padua, cuyo nombre verdadero era Fernando Martim de Bulhöes e Taveira Azevedo, fue un sacerdote portugués del siglo XIII que llegó a convertirse en uno de los santos más populares del rito católico; es rara la iglesia de esta denominación que no cuenta con una figura suya, y los fieles latinoamericanos le atribuyen toda una variedad de fantásticas cualidades: entre otras cosas, se dice que una oración dedicada a él ayuda a encontrar lo que se ha extraviado, que su “novena” hace milagros y que colocar una imagen suya de cabeza, o bien, arrebatarle al niño Jesús que lleva en brazos, puede traer el amor. Asimismo, se lo considera gran aliado de las solteronas desesperadas y se dice que solamente él puede conseguirle pareja a aquellas mujeres que se han colocado un vestido de novia ajeno. Sin embargo, esta asociación de San Antonio con el amor es más bien reciente, pues en realidad él solía ser mucho más conocido por asistir a quienes se dedican a la palabra; en vida él fue un gran orador, y era tan virtuoso que, cuando exhumaron  sus restos varios años después de su muerte, sus seguidores descubrieron que todo en su cuerpo se había corrompido salvo por la lengua, que presuntamente se conserva hasta hoy en la basílica que lleva su nombre, en Padua. Esta reliquia, al igual que otras tantas que proliferaron en Europa, fue objeto de considerable veneración los siglos siguientes, y puesto que Vivaldi fue un sacerdote activo en la cercana Venecia durante el siglo XVIII, es casi seguro que compuso su concierto con motivo de la fiesta del santo, que se celebra lo días 13 del mes de junio, y podemos tener la certidumbre de que esta obra se interpretó alguna vez en Padua, ante el altar que alberga su lengua.
 
Relicario con la lengua de San Antonio de Padua

Bueno, ahí lo tienen: este concierto está dedicado, literalmente, a una lengua. Recomiendo escucharlo en la grabación de la Orquesta de Cámara de Verona La Risonanza, con Juan Carlos Rybin en el violín.

Los meta-momentos de un perrito

Escrito de Yeyito publicado el miércoles, 9 de agosto de 2017 | 00:00

Cómo son de complicados los humanos. Me llevaron a un café pet-friendly, andaba yo abajo de la mesa dando de las vueltas esperando unas migajitas de galleta, un mendrugo de pan. Cuando me ruge la tripa perruna suelo ser muy drama-dog. Los humanoides de la mesa contigua platicaban sobre los sentimientos. Yo pensaba, qué padre, de perdido escucharé una historia entretenida mientras mis dueños se dignan a llevarme de paseo en el carro con clima, pero no.

Resulta que ahora los sentimientos deben ser entendidos como meta-momentos. E-e, están más allá del momento, yo pensé que hablaban de teorías físicas cuánticas, pero no, son estos rollos posmodernos pseudosicológicos que alguna como Harvard se inventó para "hacerse responsable" la falta de manejo de las emociones de sus alumnos. Decían que todos lo podemos aplicar porque es midfulness, muy de desarrollo personal, que Ruler y los pelos de Firulais, en fin, esto es lo que alcancé a captar:
-Temperamento y carácter: heredado pero se puede modificar
-Algo pasa, percibimos los sentimientos, hay que parar, imaginar la mejor versión de ti mismo, generar una estrategia y tener éxito.

Así me imaginé.
Algo pasa: se acerca el señor de la basura en el camión
Percibimos sentimientos: no, yo estoy programado para defender el hogar, no mataron a miles de lobos para que yo fuera domesticado en vano.
Hay que parar: ni el perro más viejo haría caso a esto, ¡por los ladridos de Firulais!
Imagina la versión de ti: esto es bien fácil, yo Yeyo persiguiendo el camión, yo Yeyo mordiendo al basurero, yo Yeyo jugando con la basura.
Generar una estrategia: pues si fuera gato tal vez ya hubiera descubierto cómo abrir la puerta.
Tener éxito: solo en mis pensamientos.

Nembe, ne, este ejercicio me hizo sentir tan frustrado como los humanos, con razón trabajan por dinero. Hagan caso a sus instintos cómo creen que han logrado supervivencia, la cultura nada más hará que se extingan. Si quieren dormir, duerman. Si quieren comer, coman. Si quieren aparearse, aparéense, si quieren lamerse la cola, lámansela. Se los digo yo que los miro siempre como objetos raros de estudio.Si nos portamos bien es porque ya sabemos que nos pueden correr de la casa. 


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